La dramática decisión de Massa - Mendoza Post
Lunes 11 May 2015
porErnesto Tenembaum
Periodista

En los próximos días, Sergio Massa deberá tomar una decisión que será muy trascendente para el desarrollo de su carrera personal y del proceso electoral que terminará con la asunción de un nuevo presidente de la Nación. El 20 de junio, en poco más de un mes, vence la inscripción de las listas de candidatos para las Primarias que se realizarán el 9 de agosto. Hasta aquí, parecía claro que Massa sería candidato a presidente. No es que ahora no lo vaya a ser. Pero varios hechos ocurridos en las últimas semanas -la renuncia de Darío Giustozzi al Frente Renovador tal vez sea el más simbólico- expresan que la candidatura a presidente no se impone como una ley inamovible. Aún si Massa decidiera mantenerla, eso será producto de un delicado análisis: no se cae de maduro que esa su única opción.

Cada vez que le plantean que la mayoría de las encuestas lo ubican en un tercer puesto, bastante alejado de Daniel Scioli y Mauricio Macri, Massa sostiene, tal vez con razón, que esos estudios son imprecisos, sesgados y, probablemente, tendenciosos a favor de quienes los pagan. Sin embargo, esos datos son acompañados por otros más significativos. A medida que avanzan las elecciones provinciales, es cada vez más claro que el jefe del Frente Renovador no consiguió que su buena imagen nacional se trasladara a una estructura sólida en cada lugar del país. No hay massismo en la Capital Federal, ni en Mendoza, ni en Córdoba, ni en Salta. Solo existe en la provincia de Buenos Aires y, de repente, se extiende hacia algunas provincias donde ha logrado construir alianzas que, sin embargo, son bastante frágiles, como el reciente entendimiento con José Manuel de la Sota.

El sábado en una entrevista, un histórico del Frente Renovador pateó el tablero.

Esa dinámica se empieza a expresar en la provincia de Buenos Aires. En el 2013, Sergio Massa demostró su capacidad de convertirse en un político de primera línea, tal vez un candidato a presidente, al vencer al kirchnerismo en el principal distrito del país y derrotar las aspiraciones de Cristina a la re-reelección. No solo hizo eso. Antes, logró quebrar el frente de intendentes del conurbano, tal vez una de las construcciones más delicadas que había realizado Nestor Kirchner, cuando comprendió que solo sería fuerte si controlaba la provincia de Buenos Aires. Desde 2003, los intendentes --incluido Massa-- se referenciaban en el Frente para la Victoria. Massa se llevó a la mayoría de los que conducen distritos en la zona norte del conurbano y a uno del Sur: Darío Giustozzi. Por eso, la salida de este del Frente Renovador es relevante. Pero antes se habían ido Sandro Guzmán, de Escobar, y Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas, uno de ellos hacia un sello propio, otro hacia al sciolismo y el tercero hacia el macrismo. Y a la lista habría que agregar a Martín Insaurralde, quien luego de coquetear con el massismo, se quedó con Scioli.

"No hay massismo en la Capital Federal, ni en Mendoza, ni en Córdoba, ni en Salta". 

En todos esos saltos, es cierto, hay una enorme dosis de oportunismo: así son las cosas en la política. Pero pareciera que en los últimos tiempos se invirtieron los roles y donde se había instalado una fuerza centrífuga ahora hay una centrípeta y viceversa.

Así las cosas, Massa tendrá que tomar una decisión que es dramática, entre otras razones, porque nadie sabe exactamente qué pasa con el electorado, dadas las recientes imprecisiones de las encuestadoras. Si hay que juzgar sus últimos movimientos, está claro que sigue manteniendo su decisión de ser candidato presidencial. En ese caso, será una apuesta a todo o nada. Se presenta y el 9 de agosto se decide su destino. Porque si, como los estudios de opinión auguran, queda muy detrás de la fórmula macrista, la polarización se acentuará para la primera vuelta y su desempeño puede ser catastrófico en octubre. Y le será difícil reponerse de eso por bastante tiempo. Pero puede dar un batacazo y sorprender a todos: encuestadores, intendentes que los abandonan, referentes provinciales que renuncian a sumarse y se alejan. Los mismos estudios que reflejan una fuga de votos también sostienen que es uno de los dirigentes con mejor imagen del país.

¿Qué hacer?

El dilema se acrecienta porque Massa tiene una segunda opción. Hay un lugar donde, sin dudas, tiene una imagen muy alta y una fuerte probabilidad de ser primera fuerza: la provincia de Buenos Aires. Si Massa decidiera ir por la gobernación y lograra armar una alianza con alguno de los otros dos candidatos presidenciales, tal vez encontraría un camino de salida que sería un sueño para cualquier político: llegar a la gobernación de bonaerense con poco más de cuarenta años. En principio, para él, sería un paso atrás respecto de sus aspiraciones presidenciales, pero lo colocaría en un puesto de poder muy relevante y como favorito para la pelea mayor durante largos años. Además, le permitiría no quedarse con las manos vacías. Pero tampoco esa opción es segura, como no es seguro nada en la vida, y mucho menos a esos niveles de competencia por el poder. La tercera vía, que sostienen algunos de sus colaboradores, es que Massa compita en las PASO contra Macri y las otras fuerzas opositoras.

Sea como fuere, la competencia electoral cambiará completamente de acuerdo a lo que decida y cómo le vaya. Si mantiene su decisión de competir por la presidencial y logra un desempeño potente en las PASO -así salga tercero por una diferencia muy pequeña-, la consecuencia de eso sería una escenario electoral para octubre en la que tres fuerzas compitan por entrar al ballotage, lo que posiblemente asegure que dos de ellas vayan a segunda vuelta. Pero, si se presenta y le va mal en las PASO, o si decide no presentarse, la polarización del ballotage se adelantaría a la primera vuelta y, de repente, sea en esa instancia cuando se corone el sucesor de Cristina. En cualquier caso, tarde o temprano, en octubre o en noviembre, finalmente confrontarán las opciones de conservación o cambio, que son las que definirán el final de la carrera.

 "De ser candidato a gobernador, sería un aliado tentador".

Massa, en caso de posponer sus aspiraciones presidenciales, tendrá también influencia en la pelea mayor porque, de ser candidato a gobernador, sería un aliado tentador para sus actuales competidores. Mauricio Macri, por ejemplo, podría conseguir finalmente un candidato muy potente en la provincia si se alía con él. Scioli tendría que buscar alguien más fuerte que la media docena que se postula actualmente en el Frente Para la Victoria, y posiblemente todo el peronismo empieze a presionar a Florencio Randazzo, quien a esta altura tiene los mismos dilemas que el hombre de Tigre.

En el 2013, Massa actuó de manera magistral y valiente: esperó, anudó alianzas, saltó en el momento justo y derrotó a la estructura más poderosa de su provincia. Su intuición le jugó perfecto. Luego, apostó por el premio mayor, tal vez sin percibir la dificultad, en todos los terrenos, que implica armar un partido nacional desde un solo distrito. Eso es lo que, finalmente, lo dejó con menos aire. Ahora deberá confiar de nuevo en su intuición. Es a todo o nada, en todos los casos. A diferencia de Macri y Scioli, su estructura es la más nueva y, por lo tanto, la más frágil, con lo cual necesita un desempeño aceptable para mantenerla.

No debe ser fácil estar en sus zapatos.

Y la monedita, en estos casos, no ayuda.

En realidad, la monedita apenas sirve para que un equipo elija el arco en el que quiere jugar el primer tiempo.