Estados Unidos busca apoyo internacional para reabrir Ormuz, mientras Irán amenaza con una respuesta militar y el precio del crudo vuelve a quedar bajo presión.
Irán amenaza otra vez con una respuesta militar a EE.UU.
Estados Unidos intenta sumar respaldo internacional para reabrir el estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el comercio energético mundial, en medio de una nueva escalada con Irán. Según publicó Reuters, Washington presiona a países aliados para integrar una coalición destinada a garantizar el paso de buques comerciales por esa zona estratégica.
El conflicto ya golpea de lleno al mercado. El crudo Brent llegó a superar los 126 dólares por barril, aunque luego retrocedió hacia los 114 dólares, en una jornada marcada por la posibilidad de nuevos ataques estadounidenses contra posiciones iraníes.
El estrecho permanece cerrado en el marco de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, pese al alto el fuego. Por esa ruta circula cerca del 20% del petróleo y gas del mundo, por lo que el bloqueo aumenta el temor a un salto inflacionario y a un freno en la economía global.
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Desde Teherán, la respuesta fue directa. Funcionarios iraníes advirtieron que cualquier nuevo ataque de Estados Unidos, incluso limitado, podría derivar en golpes "largos y dolorosos" contra posiciones estadounidenses en la región. También remarcaron que Irán mantendrá su control sobre el paso marítimo.
Donald Trump recibió informes sobre posibles opciones militares para forzar una negociación, según Reuters. Entre las alternativas mencionadas aparece una nueva ofensiva, la continuidad del bloqueo sobre las exportaciones petroleras iraníes o la formación de una fuerza internacional para asegurar la navegación.
Francia, Reino Unido y otros países ya mantuvieron conversaciones sobre una eventual participación, aunque condicionan cualquier ayuda a que primero termine el conflicto. En paralelo, Emiratos Árabes Unidos prohibió a sus ciudadanos viajar a Irán, Líbano e Irak y pidió a quienes estén allí que regresen de inmediato.
La ONU también encendió una alarma. António Guterres advirtió que, si la interrupción se extiende, puede haber menor crecimiento global, más inflación y un aumento de la pobreza y el hambre extrema.



