La guerra en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz elevan la expectativa inflacionaria.
El FMI y la OCDE alertan por la inflación mundial por la suba del crudo
El conflicto en Oriente Medio continúa generando efectos sobre la economía mundial, con consecuencias que ya comienzan a reflejarse en los niveles de inflación, los mercados energéticos y las proyecciones de crecimiento para los próximos años. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtieron sobre el impacto que el encarecimiento del petróleo está teniendo en distintos sectores de la actividad global.
Durante una conferencia de prensa, la portavoz del FMI, Julie Kozack, señaló que el organismo detecta señales de "traslado de las tensiones energéticas hacia los precios al consumidor". Según explicó, las expectativas inflacionarias de corto plazo mostraron un incremento y también se observaron movimientos en los mercados financieros, con mayores rendimientos de la deuda soberana y cambios en las previsiones de los inversores.
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El principal factor detrás de estas presiones fue el fuerte aumento del precio del petróleo registrado tras el inicio de la guerra el 28 de febrero. De acuerdo con los datos del FMI, el valor del crudo avanzó un 35% durante marzo, cuando la interrupción del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz afectó el suministro internacional. Sin embargo, desde entonces la evolución de los precios ha sido más moderada y el incremento adicional respecto de las proyecciones macroeconómicas del organismo alcanza apenas un 3%.
La posibilidad de una reapertura de la estratégica vía marítima ha contribuido a moderar las expectativas del mercado. Aun así, la situación de las reservas energéticas genera preocupación. Antes del conflicto, los inventarios mundiales de petróleo superaban los 8.000 millones de barriles, el nivel más alto de los últimos cinco años. Actualmente, las existencias muestran una tendencia descendente y se espera que en julio alcancen aproximadamente 7.500 millones de barriles, su punto más bajo desde 2021.
La presión también se extiende a los combustibles refinados. El kerosene utilizado por la aviación registró incrementos cercanos al 35% en Europa y Asia respecto de los niveles previos a la guerra, mientras que el precio de la gasolina aumentó alrededor de un 40% a escala global.
En paralelo, la OCDE revisó sus previsiones económicas y anticipó un escenario de menor crecimiento acompañado por mayores presiones inflacionarias durante 2026. En su informe titulado "Bajo presión", el organismo atribuyó este deterioro al encarecimiento de la energía y de los fertilizantes, dos factores estrechamente vinculados con las consecuencias del conflicto.
La organización estima que la expansión de la economía mundial se desacelerará desde el 3,4% registrado en 2025 hasta el 2,8% en 2026 si las alteraciones actuales persisten. En un escenario más adverso, con una prolongación de la crisis hasta 2027, el crecimiento podría reducirse hasta el 2,1%.
"El choque energético derivado del conflicto en Oriente Medio es real y grave", sostuvo el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, al advertir sobre el aumento de los costos y de la incertidumbre para hogares y empresas.
En América Latina, la OCDE elevó su estimación para Brasil hasta el 1,6%, mantuvo en 2,8% la previsión para Argentina y redujo la expectativa de crecimiento para México al 1,3%.
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