Mientras Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputan voto a voto la presidencia, Perú vuelve a exhibir una de las mayores paradojas de América Latina: una crisis política permanente convive con una economía estable, blindada por un Banco Central que tiene el mismo presidente desde hace 20 años.
El guardián de la economía peruana que sobrevivió a 10 presidentes
Perú acaba de votar en segunda vuelta y el país contiene el aliento ante un escenario que ya es un clásico local: un empate técnico, voto a voto, con el escrutinio arañando el 93%. En una esquina de la polarización emerge Keiko Fujimori (Fuerza Popular), quien en su cuarta candidatura presidencial busca la revancha con un 50,1% de los sufragios. En la otra, el izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) le pisa los talones con el 49,9%, prometiendo, entre otras cosas, un indulto para el exmandatario Pedro Castillo.
La foto del día después de la segunda vuelta es dramática, pero la gran duda en Perú no es quién va a ganar, sino cuánto tiempo durará el que gane: en 2016 se impuso Pedro Pablo Kuczynski (PPK), forzado a renunciar en 2018 antes de ser vacado tras el indulto a Alberto Fujimori; y en 2021 la moneda cayó del lado de Pedro Castillo, aquel maestro rural que llegó a caballo a la presidencia de su país y que sería condenado a más de 11 años de prisión tras su fallido e insólito intento de autogolpe en 2022.
A partir de la caída de Castillo, la inestabilidad devoró incluso a los mandatarios interinos que debían garantizar la transición. A Dina Boluarte la desgastó la calle y la "incapacidad moral"; la sucesión legislativa encumbró luego a José Jerí -cuyo efímero paso quedó sepultado bajo el escándalo bizarro del "Chifagate", tras ser descubierto negociando favores políticos en un restaurante de comida china-; hasta llegar al actual mandatario de transición, José María Balcázar. Una trituradora de poder absoluto.
Si se replicara este escenario de volatilidad política de Perú en la Argentina, sería el equivalente a que la gestión de Javier Milei la finalice como presidente interino Martín Menem. ¿Se imaginan las consecuencias que habría en los mercados, el valor del dólar, el rumbo de la economía y la disparada de la inflación si en un puñado de meses destituyen al presidente, a Victoria Villarruel, al presidente provisional del Senado y el poder termina eyectado hacia la presidencia de la Cámara de Diputados? Sin embargo, esto pasa seguido en Perú y la economía "ni se entera". Mantiene una moneda fuerte (el Sol), una inflación anual que en 2025 cerró en un envidiable 1,5%, un crecimiento del PBI superior al 3% y reservas internacionales que equivalen al 30% de todo su producto bruto.
¿Cómo se explica este milagro de estabilidad macroeconómica en medio del caos civil?
Mientras el sillón de Pizarro en el Palacio de Gobierno cambia de dueño casi azarosamente, la presidencia del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) permanece inalterable. Julio Velarde asumió el cargo en octubre de 2006. Pasó por allí durante los gobiernos de Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y el actual José María Balcázar. Vio pasar a diez jefes de Estado mientras él se dedicaba a una sola misión: blindar la economía de los políticos.
Este blindaje no es fruto de la casualidad ni de la mera buena voluntad política, sino de un diseño institucional de "hormigón armado". La verdadera fortaleza del Banco Central de Perú radica en los artículos 84 y 86 de la Constitución de aquel país y en su rigurosa Ley Orgánica, un entramado jurídico ultra-restrictivo nacido de las cenizas de las crisis hiperinflacionarias de fines de los años 80. Este marco prohíbe de forma explícita e inapelable al Banco Central financiar al erario público, conceder créditos sectoriales, establecer tipos de cambio múltiples o parches cambiarios artificiales.
Ver más: Perú define una elección voto a voto: Fujimori aventaja por un margen mínimo
Por eso, Perú funciona hoy bajo la teoría de las dos ventanillas. En la primera, la política, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez pelean por un poder presidencial que parece maldito y de mecha corta. En la segunda ventanilla, la económica, un banquero central que lleva 20 años en el cargo garantiza que, gane quien gane, mañana el país seguirá teniendo crédito, las góndolas tendrán precios estables y los mercados ni se inmutarán por el nuevo inquilino del palacio.



