Mientras crece la tensión global por el conflicto, Washington intenta reactivar negociaciones, aunque Teherán deja en claro que no habrá diálogo directo.
EE.UU. viaja a Pakistán, pero Irán cierra la puerta a un cara a cara
Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán suman un nuevo capítulo cargado de incertidumbre. Según informó Reuters este 25 de abril de 2026, una delegación estadounidense se prepara para viajar a Islamabad con la intención de retomar contactos diplomáticos, en medio de un escenario marcado por la guerra y el impacto en los mercados energéticos.
El dato clave es que Irán ya fijó postura: no habrá reuniones cara a cara con representantes de Washington. En cambio, cualquier intercambio se realizará de manera indirecta, con Pakistán como intermediario, replicando un esquema que ya se utilizó en instancias anteriores.
Un intento de diálogo en medio del conflicto
La delegación de Estados Unidos estará integrada por enviados como Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes viajarán a la capital pakistaní en busca de avances. Del lado iraní, el canciller Abbas Araqchi también tiene previsto participar, aunque sin intención de sentarse en la misma mesa con los estadounidenses.
Este formato refleja el nivel de desconfianza entre ambas potencias. Las posiciones siguen muy alejadas, especialmente en temas sensibles como el programa nuclear iraní, el control del estrecho de Ormuz y el respaldo de Teherán a grupos aliados en la región.
Pakistán, el actor clave en la negociación
Islamabad vuelve a ocupar un rol central como mediador. El gobierno pakistaní será el encargado de transmitir propuestas y condiciones entre las partes, en un intento de sostener el frágil alto el fuego que se negoció semanas atrás.
No es la primera vez que esto ocurre: las conversaciones previas realizadas en abril también se desarrollaron con un esquema mixto, que incluyó instancias indirectas y algunos contactos directos, aunque sin resultados concretos.
Impacto global y tensión regional
El conflicto ya tiene consecuencias que van más allá de Medio Oriente. La interrupción del tránsito en el estrecho de Ormuz afectó el flujo de petróleo y empujó los precios internacionales, generando preocupación por la inflación global.
A esto se suma un contexto regional inestable, con enfrentamientos activos en Líbano y otras zonas, lo que complica cualquier avance diplomático. Las señales contradictorias -como la posibilidad de una oferta iraní mencionada por Donald Trump- no alcanzan para disipar la incertidumbre.
Un escenario abierto y sin definiciones
Por ahora, las expectativas son moderadas. La decisión de evitar negociaciones directas refleja que las diferencias de fondo siguen intactas. Aun así, el simple hecho de mantener canales abiertos -aunque sea de forma indirecta- indica que ninguna de las partes quiere cerrar del todo la vía diplomática.
El resultado de esta nueva ronda en Islamabad podría ser determinante para el rumbo del conflicto y su impacto en la economía global.



