Rofman: "La baja de la natalidad empezó mucho antes del aborto legal"

El demógrafo Rafael Rofman sostuvo que la caída de la fecundidad argentina comenzó hace unos 150 años y que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2020 tiene poco que ver con ese proceso. Advirtió que el verdadero desafío es mejorar la educación, la inversión y la productividad para afrontar una sociedad con menos trabajadores.

Rofman: "La baja de la natalidad empezó mucho antes del aborto legal"

El debate sobre la caída de los nacimientos en Argentina volvió a quedar en el centro de la escena después de que Javier Milei vinculara el descenso de la natalidad con la legalización del aborto y cuestionara a quienes impulsaron la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Frente a ese planteo, el demógrafo y economista Rafael Rofman ofreció una mirada diferente y puso el fenómeno en una perspectiva histórica mucho más amplia.

"Yo creo que el Presidente está poniendo en agenda un tema que es importante con información que es no necesariamente completa o correcta", señaló Rofman al analizar los dichos de Milei durante una entrevista realizada en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post.

El especialista explicó que la Argentina efectivamente atraviesa una fuerte reducción de la fecundidad, pero remarcó que se trata de un proceso que comenzó mucho antes de la sanción de la ley de aborto.

"La fecundidad efectivamente está bajando, tenemos menos hijos de los que teníamos. Es un proceso que empezó en el mundo no en el 2020, sino hace 250 años y que en Argentina empezó hace 150 años, allá por 1870, más o menos, ya empezó a bajar el número de hijos que teníamos", sostuvo.

Por eso, consideró que resulta difícil atribuir el cambio demográfico a una legislación aprobada en 2020. "Es un proceso global que tiene poco que ver con decisiones sobre legislación como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el año 2020", afirmó.

Una tendencia que comenzó mucho antes del aborto legal

Rofman explicó que cuando se sancionó la Ley IVE, la Argentina ya tenía una fecundidad muy inferior a la de generaciones anteriores.

"Cuando se aprobó esa ley, la tasa global de fecundidad, cuántos hijos tenemos en promedio en Argentina, estaba en algo así como 1,4 hijos, había bajado de siete hijos hace 150 años a 1,4", detalló.

Después de la sanción de la norma, la fecundidad continuó disminuyendo, pero, según el especialista, lo hizo dentro de una trayectoria que ya estaba instalada.

"Después de eso siguió bajando un poco más, pero siguió la tendencia que tenía antes, que es una tendencia de baja rápida en la última década", explicó.

Para Rofman, justamente la velocidad de esa reducción puede generar preocupación, pero no modifica la explicación de fondo: "Es muy claro que la tendencia tiene poco que ver con una decisión que en términos relativos es hace muy poquito tiempo cuando el fenómeno fue mucho más largo".

Menos hijos como consecuencia del desarrollo

El demógrafo planteó que la caída de la fecundidad no constituye un fenómeno exclusivamente argentino, sino que responde a transformaciones profundas en las sociedades.

"La causa de fondo son las mismas en todo el mundo, tiene que ver con el desarrollo económico y social. Cuando hay más bienestar, cuando hay más educación, cuando hay más equidad y participación de las mujeres en el mercado de trabajo, cuando hay más cuidado y valoración de los niños, tenemos menos hijos. Pasa siempre", afirmó.

Para explicar el cambio, comparó las condiciones de vida actuales con las de las generaciones anteriores. Las familias de hace más de un siglo tenían muchos más hijos en un contexto en el que la mortalidad infantil era elevada, los chicos comenzaban a trabajar a edades muy tempranas y el acceso a la educación era mucho menor.

"Hoy todas esas cosas nos parecen horrorosas", sostuvo Rofman, y destacó que actualmente existe otra concepción de la infancia: "Queremos que nuestros chicos tengan una buena vida, queremos que se eduquen, queremos que tengan oportunidades, queremos que disfruten de la infancia y después tengan la oportunidad de educarse y crecer para ser adultos productivos".

Ese cambio también explica por qué criar hijos demanda mayores recursos. "No podés tener ocho hijos y hacer eso", resumió.

Y agregó: "Hoy tener hijos es más caro, pero es más caro porque nosotros decidimos que lo sea y me parece buenísimo, porque queremos darle a nuestros hijos muchísimo más de lo que cualquier generación previa le dio a sus hijos".

No es que las personas no quieran tener hijos

Otro de los puntos centrales de su análisis fue cuestionar la idea de que las nuevas generaciones directamente hayan dejado de querer formar una familia.

"En general lo que vemos tanto en los números que van apareciendo como en algunas encuestas es que no es mucha la gente que dice ‘no quiero tener hijos'. Lo que sí ocurre en la gran mayoría de los casos es que quieren tener menos hijos y más tarde", explicó.

Según Rofman, la postergación de la maternidad y la paternidad está vinculada con las condiciones necesarias para criar a un hijo de acuerdo con las expectativas actuales.

"Para poder darle a los chicos las cosas que vos querés darle tenés que haber podido establecerte vos primero", señaló. Tener un hijo a los 17 años, ejemplificó, implica hacerlo sin contar necesariamente con estudios terminados, recursos económicos o una trayectoria laboral consolidada.

Por eso, sostuvo que las decisiones sobre maternidad y paternidad no responden de manera automática a los movimientos de la economía en el corto plazo.

"Nosotros no solemos decidir sobre la familia por cómo anda la macroeconomía esta semana o este año", explicó. Y utilizó una comparación para marcar la diferencia entre las decisiones de consumo y las familiares: "Si vos mañana me decís que bajó el precio del dulce de leche en el supermercado de la esquina, es probable que yo compre más dulce de leche. Mi decisión sobre paternidad es mucho más profunda".

"Es una decisión que tiene que ver con un plan de vida de 40 años. No tiene que ver con cómo anda la economía hoy", agregó.

El impacto económico existe, pero la solución es otra

Rofman también se diferenció parcialmente de Milei en el diagnóstico, aunque coincidió en que el cambio demográfico tendrá consecuencias económicas.

"Yo comparto la preocupación sobre el impacto de la demografía en la economía que plantea el Presidente. Lo que digo es que la solución es trabajar estas tres cosas", señaló, en referencia al capital humano, el capital físico y la tecnología.

La cuestión, explicó, es que una sociedad con menos personas en edad de trabajar necesita que quienes formen parte de la fuerza laboral sean mucho más productivos.

"Vamos a estar en una sociedad en la que va a haber menos gente en edad de trabajar. La única manera que eso funcione bien es que quienes están trabajando sean mucho más productivos. Entonces, produzcan mucho más y aunque sean menos, hay más riqueza para repartir", afirmó.

Para alcanzar ese objetivo, la calidad de la infancia y de la educación resulta fundamental. "Para que esos trabajadores sean mucho más productivos y podamos vivir mejor, a pesar de tener proporcionalmente menos gente en edad de trabajar, lo central es que la infancia y la adolescencia de esos chicos sea una máquina de producir habilidades para que ellos sean exitosos y muy productivos dentro de 30 años", sostuvo.

Educación, inversión y tecnología: las tres claves

En ese punto, Rofman puso el foco en las dificultades que enfrenta Argentina para preparar a las próximas generaciones.

Consideró que el país logró un avance importante en términos de cobertura educativa, pero tiene una deuda importante con los aprendizajes.

"Nos ha ido muy bien en algo que no era fácil, que era dar cobertura a todos los chicos. Casi no hay chicos en edad escolar que no estén en la escuela. Y eso es buenísimo. Ahora, el problema es que aprende poco después", señaló.

Para el economista, uno de los problemas centrales está en la formación docente. "La calidad de la educación que le damos es mala", afirmó, aunque aclaró que la responsabilidad no recae directamente sobre los maestros: "Los docentes son malos no porque son mala gente, los docentes son malos porque tuvieron mala formación. O sea, no es culpa del docente, estrictamente es culpa del sistema".

En ese sentido, cuestionó la existencia de 1.400 centros de formación docente en el país y consideró que no existen recursos suficientes para garantizar que todos funcionen con excelencia.

Su propuesta es avanzar hacia una formación docente de mayor calidad, vinculada con universidades nacionales y con mecanismos de control y profesionales especializados.

Pero la educación es solamente una de las patas del problema. "Para que la productividad aumente debe mejorar el capital humano, es decir que la gente tenga habilidades", explicó. La segunda es el capital físico, es decir, que existan inversiones, máquinas, infraestructura y tecnología para que esas personas puedan desarrollar trabajos productivos.

La tercera es precisamente la tecnología: "Hay que usar métodos para combinar trabajo y capital en forma que den un producto de calidad".

Según Rofman, Argentina viene con dificultades en las tres áreas. "En las últimas décadas venimos mal, porque, como decía, la educación viene mal, el nivel de inversión y de desarrollo de infraestructura, de nuevos equipamientos es malo. Nuestra capacidad de innovación y nuestra apertura para incorporar innovaciones externas ha sido mala en las últimas décadas", afirmó.

"La natalidad baja por buenas razones"

A diferencia del enfoque que plantea revertir la caída de la natalidad, Rofman consideró que el descenso en la cantidad de hijos responde, en buena medida, a una ampliación de las posibilidades de elección individual.

"La natalidad baja por buenas razones, no es eso, nunca puede ser un problema", sostuvo.

Para el especialista, el desafío no consiste en obligar o incentivar a las personas a tener más hijos, sino en garantizar que los niños que nazcan tengan mejores oportunidades.

"Lo que es un problema es que en un contexto de baja natalidad no tengas un serio problema de capital humano, no tengas o no estés invirtiendo donde tenés que invertir en términos de la productividad futura", explicó.

En esa línea, recordó que algunos de los países más ricos del mundo tienen tasas de natalidad muy bajas y, sin embargo, logran sostener altos niveles de bienestar gracias a su productividad.

"No son muy productivos porque son genéticamente mejores. Son muy productivos porque tuvieron mejor educación, porque tienen más capital para trabajar, tienen más máquinas, más infraestructura, más industria, porque tienen más tecnología", remarcó.

Libertad para elegir y políticas para acompañar

Rofman también puso el descenso de la fecundidad en relación con el concepto de libertad individual, un principio que el propio Gobierno de Milei reivindica como uno de sus ejes.

"Eso es un síntoma de desarrollo de libertad en el sentido más puro de la palabra", afirmó respecto de que las personas puedan decidir cuándo y cuántos hijos tener.

Y agregó: "Nuestras tataratatarabuelas tenían muchos hijos. Entre otras razones porque no tenían opción".

En cambio, destacó que hoy una mujer joven puede plantearse estudiar, desarrollar una carrera y definir de qué manera quiere construir su vida.

"Me parece mucho mejor que cada uno elija su camino y pueda tener opciones y pueda ir construyéndolo", sostuvo.

Al mismo tiempo, consideró que acompañar a quienes sí quieren tener hijos también forma parte de una política de libertad.

"Es importante acompañar y hacerle la vida más fácil a quien quiere tener hijos, porque eso también es parte de la libertad", afirmó.

Como ejemplo de las dificultades existentes, señaló las licencias laborales vinculadas con el nacimiento. "Si vos siendo hombre, hoy tenés un hijo, ¿sabés cuántos días de licencia tenés para cuidarlo?", preguntó durante la entrevista. Y remarcó: "Dos días tenés", mientras que la madre cuenta con un período mucho mayor y luego enfrenta la falta de un sistema de cuidados suficientemente desarrollado.

Para Rofman, ahí debería concentrarse buena parte de la discusión: no en cuestionar a quienes tienen menos hijos, sino en mejorar las condiciones para quienes deciden tenerlos y, sobre todo, garantizar mejores oportunidades para los niños que nacen.

"Primero por lo obvio, porque si el chico vive mejor es mejor. Punto. No porque es un derecho del chico. Pero además de eso, porque esos son los trabajadores del futuro cuando seamos una sociedad envejecida", concluyó.


Editó Carina Pérez

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