Aumento de la pobreza, caída de la actividad económica y suba del riesgo país van delineando un panorama que el gobierno no esperaba.
Malos datos reciben a Milei de su viaje a la ONU
El jueves el Indec dio a conocer la medición de pobreza e indigencia del primer semestre, que mostró un crecimiento de un 3% promedio, rompiendo una tendencia a la baja que venía desde 2024. El número de Mendoza preocupa porque es uno de los más altos (36.8%) de los conurbanos medidos, luego de los del NEA. De todos modos, el ministro de economía, Luis Caputo, dejó un mensaje en X defendiendo la posición del gobierno "Si bien las tasas de pobreza y de indigencia se incrementaron 4,1 p.p. y 1,2 p.p. en relación al semestre previo, ambas tasas registraron una fuerte baja en relación al primer semestre de 2024. Frente a dicho período, la tasa de pobreza se redujo de 52,9% a 32,3%, en tanto la de indigencia cayó de 18,1% a 7,5%" expresó el funcionario.
En realidad, el dato era esperado, porque el primer semestre no fue bueno ya que se vivieron las consecuencias de la crisis política que ocurrió en vísperas de las elecciones de 2025 y quedó todo un resabio de tasas de interés muy altas, y retiro de capitales, que recién ahora comienza a moverse, aunque en forma lenta porque los bancos están lidiando con el aumento de la morosidad.
Por otra parte, el dato más importante es que Argentina tiene un piso de pobreza estructural del 30% promedio, aunque con el sistema de medirla según ingresos, pueden entrar o salir en casa mes según la tasa de inflación y el valor de la canasta básica comparada con el nivel de ingresos. Eso no cambia su situación de fondo. Cuando se profundiza un poco aparecen datos como la zona donde viven, las carencias de servicios básicos, los niveles de escolaridad y varios más que conforman la situación de pobreza estructural. Uno de los temas más acuciantes el que la cantidad de menores que viven en situación de pobreza supera el 40%, y ahí reside la mayoría de la futura población que, si no se corrigen rápido las causas, serán a futuro inempleables.
Hay tareas que le caben a la Nación, pero también hay otras que le caben a los gobiernos provinciales y a los municipios. Lógicamente, hay muchas fallas que tiene que ver con la educación y la salud, así como en la vivienda o la provisión de los servicios básicos, como los de agua, gas y electricidad. El problema que la Nación no ha solucionado tiene que ver con las leyes laborales y los impuestos al trabajo, que siguen desalentando a los empresarios a crear empleos registrados.
Menos actividad económica
Este dato también se esperaba, aunque son datos del estimador mensual (-2,9%), puede haber variaciones cuando se hacen los cálculos trimestrales. De todos modos, leyendo la curva histórica, el Estimador (EMAE) desestacionalizado muestra siempre un ciclo de suba en el mes de mayo y una caída en el mes de julio. De todos modos, estamos frente a ciclos distintos porque antes traccionaba mucho la industria automotriz y, ahora, es una de las que lidera la caída de la actividad industrial junto con la de producción de alimentos.
El último informe trimestral, que correspondía al segundo semestre, mostró una caída y ahora habrá que esperar los estudios del tercer trimestre. El gobierno debe prestar mucha atención porque estos ciclos están siendo muy observados por los inversores en bonos argentinos que, en los últimos días, se están deshaciendo de inversiones en activos del país y esto hizo subir la tasa de riesgo país a niveles que no tocaba desde el 7 de abril pasado. Este viernes cerró en 609 puntos básicos, habiendo subido unos 200 puntos desde el piso que registró el 7 de julio, con 403 pb.
Inversores en clima electoral
La suba del riesgo país tiene varias fuentes que lo explican, tanto externas como internas. Entre las externas podemos señalar como fundamental la suba de la tasa en EE.UU., que en estos días llegó al 5%, la más alta desde 2007. Por esa razón los inversores prefieren refugiar sus inversiones en este sector. Además hay que señalar la tensión global, que llevó esta semana nuevamente al petróleo al nivel de us$100 el barril. También impactó la suba de las tasas de referencia de la Reserva Federal, que esta semana llevó la tasa nominal de los bonos a 4% anual.
Entre los factores internos aparecen datos económicos y datos políticos. En cuanto a los datos económicos, los inversores no saben cómo la Argentina hará frente a los vencimientos de deuda del año 2027, que alcanzan a US$ 21.000 millones. A estos factores le suman la menor cantidad de compras del BCRA de dólares, que han bajado porque la autoridad monetaria no puede intervenir si las cotizaciones se mantienen dentro de las bandas de flotación y todavía está muy lejos del tope, que hoy está $1913.
Además, hay una fuerte demanda de dólares de particulares y empresas, que en Agosto compraron us$ 2850 millones, que presionan en el mercado, aunque no pueden hacer mucho para aumentar el precio, aunque el viernes creció algo y marcó un nuevo récord nominal en el mercado mayorista y también aumentó el mercado minorista, cerrando a $ 1545.
Pero hay factores políticos y los inversores están muy atentos a las declaraciones de funcionarios y opositores, sobre todo estos últimos, porque parecen lanzados en una campaña para socavar a Milei. Hace unos días, en Nueva York, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, dijo que "en Argentina el dólar está sobrevaluado". Los que escuchaban, rápidamente transmitieron a sus usinas de decisiones "Si Kicillof llega a presidir la Argentina va a devaluar". En estos días, además, el ex vice ministro de economía, en la gestión de Sergio Massa, Gabriel Rubistein, dijo que "habría que devaluar el dólar a $3.500 para que la economía sea competitiva". Por supuesto, la propuesta del ex funcionario no planteaba una actualización ni de salarios ni jubilaciones.
En este contexto y con quejas sociales, empresas que cierran porque no pueden competir porque están mal diseñados los incentivos, los inversores prefieren salir de bonos argentinos porque temen un nuevo default. La historia nos condena.




