Los vestidos de la pena

Comprobamos que la pena y la tristeza poseen, en lengua española, un repertorio de palabras que, con ligeros matices diferenciales, nombran estos estados del ánimo.

Los vestidos de la pena

Por:Nené Ramallo
Profesora Consulta por la Universidad Nacional de Cuyo

Al revisar apuntes de estudiante, encuentro la poesía "Nostalgia", de José Santos Chocano, poeta peruano desaparecido en la primera mitad del siglo XX. Vuelvo sobre el texto y necesito registrarlo por la profundidad del sentimiento de "quien vive de prisa", porque no "vive de veras" y porque "quien no echa raíces no puede dar fruto":


"Hace ya diez años que recorro el mundo.

¡He vivido poco!

¡Me he cansado mucho!

Quien vive de prisa no vive de veras:

quien no echa raíces no puede dar fruto.

Ser río que corre, ser nube que pasa,

sin dejar recuerdos ni rastro ninguno,

es triste, y más triste para el que se siente 

nube en lo elevado, río en lo profundo.

Quisiera ser árbol, mejor que ser ave,

quisiera ser leño, mejor que ser humo,

y al viaje que cansa

prefiero el terruño:

la ciudad nativa con sus campanarios,

arcaicos balcones, portales vetustos

y calles estrechas, como si las casas

tampoco quisieran separarse mucho...

Estoy en la orilla de un sendero abrupto.

Miro la serpiente de la carretera

que en cada montaña da vueltas a un nudo;

y entonces comprendo que el camino es largo,

que el terreno es brusco,

que la cuesta es ardua,

que el paisaje mustio...

¡Señor!, ya me canso de viajar, ya siento

nostalgia, ya ansío descansar muy junto

de los míos... Todos rodearán mi asiento

para que diga mis penas y triunfos;

y yo, a la manera del que recorriera

un álbum de cromos, contaré con gusto

las mil y una noches de mis aventuras

y acabaré con esta frase de infortunio:

-¡He vivido poco!

¡Me he cansado mucho!"

Me quedo con la expresión "ya siento nostalgia" y me pregunto, entonces, cuál es el concepto que se anida en este vocablo. Etimológicamente, vemos que su origen se hallaba en la lengua griega y que el término describía un estado del ánimo: ?????? nombraba el 'regreso' y -????? ', el dolor. Por eso la definición actual define el vocablo como "pena de verse ausente de la patria y de los deudos o amigos"; también, "tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida".

Comprobamos que la pena y la tristeza poseen, en lengua española, un repertorio de palabras que, con ligeros matices diferenciales, nombran estos estados del ánimo. Nos encontramos, por ejemplo, con ‘añoranza', término que se vincula a ‘añorar', de origen catalán ("enyorar"); este verbo designa el recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido: "Añoro esos años juveniles rodeada por tantos seres queridos". Se vincula a ‘extrañar', que no es sino "echar de menos a alguien, sentir su falta".

Generalmente, se relacionan estas palabras con ‘melancolía' y ‘melarchía": las dos se registran como sinónimos y quedan comprendidas en la definición "tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada": "Vive sumido en una melancolía inexplicable que hace muy difícil poder mantener con él una buena conversación".

Término de origen gallego-portugués resulta ‘morriña', que nuestro diccionario define, con palabras ya analizadas, como "tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia por la tierra natal"; así lo dice Francisco López Santos en su poema "Morriña": "Hoy esta morriña que al terruño me lleva / y me envuelve en el terruño del recuerdo / va haciendo que no sea yo mismo, que solo sea / el niño que se fue de allá hace mucho tiempo".

Mezcla de todos estos vocablos resulta ‘saudade', de origen portugués: "soledad, nostalgia, añoranza". Vemos la soledad como base de los otros dos sentires de pena. De ella, Pablo Neruda, en su poema titulado precisamente con este nombre, nos dice: "Saudade -¿Qué será?... yo no sé... lo he buscado / en unos diccionarios empolvados y antiguos / y en otros libros que no me han dado el significado / de esta dulce palabra de perfiles ambiguos. / Dicen que azules son las montañas como ella, / que en ella se oscurecen los amores lejanos, /y un noble y buen amigo mío (y de las estrellas) / la nombra en un temblor de trenzas y de manos". 

Existen, también, términos regionales para nombrar la tristeza: ‘cabanga' es, en Costa Rica, la "tenue tristeza, añoranza, nostalgia". Según el Diccionario de americanismos, por ‘cabanga' se entiende la "melancolía causada por la ausencia o pérdida de una persona amada o de una cosa"; en Salamanca, se usa ‘ansión', aumentativo de ‘ansia', palabra a la que se otorga el valor de nostalgia, como "pena de verse ausente".

Una frase que suele escucharse coloquialmente es ‘que tiene murria'; ello significa, para el diccionario académico, que ostenta una especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece. También, la IA se refiere al vocablo ‘murria' y nos dice que es una especie de apatía o pesadumbre que se refleja en el ánimo sin una causa no siempre muy clara.

Se suma a esta lista de vocablos el uso americano de ‘bajón', definido en lo relativo a las personas como "desalentada, deprimida, desanimada"; se relaciona con ‘bajoneo' que, en nuestro país y en Chile, equivale a "desánimo": "Se la nota en un período de bajoneo". 

Además, es importante destacar que el diccionario académico incluye el acortamiento ‘depre' y lo explica de dos formas: la primera es el adjetivo ‘depresivo' y se relaciona con la persona que sufre depresión, que es, psicológicamente, el síndrome caracterizado por una tristeza profunda; la segunda explicación se relaciona con el sustantivo ‘depresión' y posee carácter coloquial: "Tiene una depre terrible". Puede complementarse con ‘abatimiento', que se entiende como postración física y moral de una persona.

El poeta español Manuel Machado expresa magistralmente qué es la melancolía que experimenta, en el poema que lleva, precisamente, ese título:

"Me siento, a veces, triste

como una tarde del otoño viejo;

de saudades sin nombre,

de penas melancólicas tan lleno...

Mi pensamiento, entonces,

vaga junto a las tumbas de los muertos

y en torno a los cipreses y a los sauces

que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo

de historias tristes, sin poesía... Historias

que tienen casi blancos mis cabellos".

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