Empleo joven: solo 14,2% accede a un trabajo pleno de derechos

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA muestra fuertes barreras para la inserción laboral juvenil. Casi 7 de cada 10 jóvenes están inactivos, desempleados o tienen empleos irregulares, mientras que las dificultades se profundizan entre quienes viven en hogares de menores recursos.

Empleo joven: solo 14,2% accede a un trabajo pleno de derechos

El acceso de los jóvenes al mercado laboral está marcado por la precariedad, el desempleo y profundas desigualdades sociales. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, elaborado a partir de la Encuesta de la Deuda Social Argentina - Serie Agenda para la Equidad (2017-2025), advierte que conseguir un trabajo no garantiza una inserción estable ni protegida.

Los datos muestran que solo el 14,2% de los jóvenes tiene un empleo pleno de derechos. En paralelo, 22,5% atraviesa una situación de empleo irregular o desempleo reciente, mientras que otro 10,7% permanece desempleado durante más de seis meses.

A estos grupos se suma un 36,6% de jóvenes que se encuentra inactivo. Esta última categoría requiere una lectura diferenciada: puede incluir tanto a quienes permanecen fuera del mercado laboral porque estudian como a aquellos que quedaron desvinculados tanto de la educación como del trabajo.

En conjunto, el informe plantea que el principal problema del empleo juvenil no pasa solamente por conseguir un puesto, sino por acceder a una inserción laboral estable, formal y con derechos.

La situación empeora entre los jóvenes de menores recursos

La posición socioeconómica del hogar tiene un fuerte impacto sobre las oportunidades laborales.

Entre los jóvenes del estrato medio alto, 38,9% tiene un empleo regular. En el extremo opuesto, esa proporción cae prácticamente a la mitad y llega a 19,7% entre quienes pertenecen al estrato muy bajo.

Al mismo tiempo, el empleo irregular combinado con el desempleo reciente alcanza al 11,6% en el estrato medio alto, pero asciende hasta 30,6% en el muy bajo.

La brecha también aparece en el desempleo prolongado. Los jóvenes que llevan más de seis meses sin trabajo representan 5,2% en el estrato medio alto, frente al 14,9% en el estrato muy bajo.

Así, a medida que disminuyen los recursos del hogar, se reduce el acceso a empleos regulares y aumentan las situaciones de precariedad y desempleo de larga duración.

Estudiar y trabajar: dos caminos cada vez más desiguales

El informe también analiza cómo los jóvenes combinan educación y trabajo y encuentra diferencias importantes según su posición social.

En el total, 26,6% se dedica exclusivamente a estudiar, mientras que 39,7% trabaja sin estudiar. Dentro de este último grupo, 22,9% tiene un empleo regular y 16,8% trabaja en condiciones irregulares.

Solo 13% consigue combinar estudio y trabajo.

Pero la diferencia más preocupante aparece entre quienes quedaron completamente desvinculados de ambas actividades: 20,7% de los jóvenes no estudia ni trabaja.

La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar está fuertemente relacionada con el nivel socioeconómico. En el estrato medio alto alcanza al 41,2%, mientras que en el estrato muy bajo se reduce al 15,6%.

A la inversa, el trabajo irregular sin estudiar pasa de 4,9% entre los jóvenes del estrato medio alto a 26,8% en el muy bajo.

La proporción de jóvenes que no estudia ni trabaja también exhibe una brecha marcada: 8,3% en el estrato medio alto frente a 34,2% en el estrato muy bajo. Es decir, la desvinculación educativa y laboral es más de cuatro veces mayor entre los jóvenes de los hogares más vulnerables.

El empleo de los adultos también condiciona las oportunidades

La situación laboral del jefe o jefa del hogar aparece como otro factor determinante.

Entre los jóvenes que no son jefes de hogar, 39,8% se dedica exclusivamente a estudiar cuando el jefe o jefa tiene un empleo pleno. Esa proporción cae al 24,6% cuando tiene un empleo precario y al 17,6% cuando atraviesa un subempleo inestable o desempleo.

La relación se invierte en el caso de los jóvenes que no estudian ni trabajan. La proporción pasa de 13,3% en hogares donde el jefe tiene un empleo pleno a 27,6% cuando tiene un empleo precario y llega a 30,5% cuando enfrenta subempleo inestable o desempleo.

El efecto es todavía más fuerte en los hogares de estratos bajo y muy bajo. Incluso cuando el jefe o jefa tiene un empleo pleno, las oportunidades de los jóvenes siguen siendo inferiores a las de los sectores más favorecidos.

En esos hogares, la posibilidad de estudiar exclusivamente cae del 27% cuando el jefe tiene un empleo pleno al 16,5% cuando está subempleado, en una situación inestable o desempleado.

Mientras tanto, la desvinculación alcanza al 24,4% incluso cuando el jefe tiene un empleo pleno y supera el 33% cuando su situación laboral es precaria, inestable o de desempleo.



Con informa de UCA, editó Carina Pérez

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