Ya es tiempo de abolir los privilegios

Por: Cintia Gómez. Diputada provincial por el PRO.

Ya es tiempo de abolir los privilegios

Por:Cintia Gómez
Diputada provincial de PRO

 La política durante mucho tiempo se acostumbró a cosas que la sociedad ya no tolera más. Privilegios que se volvieron "normales", pero que hoy, en la Argentina y en Mendoza, son simplemente indefendibles.

Y uno de ellos es el receso invernal que se toman los legisladores provinciales de toda la provincia.

Mientras miles de mendocinos se levantan cada mañana, incluso en los días mas fríos, para abrir sus comercios, trabajar la tierra, sostener el sistema de salud o el sistema de seguridad, los legisladores se toman una pausa de dos semanas. Y aquí, quiero aclarar que si bien la legislatura permanece abierta, las comisiones no funcionan, no hay sesiones en la cámara de diputados ni en la cámara de senadores y toda la labor parlamentaria se frena completamente. Entonces, allí, me pregunto: ¿de verdad eso tiene sentido hoy?

Como legisladora y docente de profesión, desde que ocupo esta banca, siempre me pregunté si realmente los legisladores necesitamos parar dos veces al año, tener más de 40 días de descanso, cuando el mendocino de a pie con mucha suerte puede parar una vez al año si es que su economía así lo permite, cuando una persona que trabaja en relación de dependencia, en el ámbito privado, debe poseer una antigüedad de mas de 20 años para tener 35 días de descanso.

Cuando hay recambio de bancas, o elecciones de medio término, un legislador que ingresa el 1ro de mayo, a los dos meses tendrá un descanso de 15 días, como así también el legislador que ingresa en noviembre (como fue mi caso) a fines de diciembre comienza el receso legislativo de verano, entonces cualquier legislador que ingresa nuevo, al cumplir 9 meses de gestión, su descanso será de 45 días en total, ¿esto define o no la palabra privilegio?

También cabe aclarar que la legislatura entra en receso por una paritaria que logró el gremio con el exgobernador Paco Pérez, paritaria que respeto como así también el gran trabajo que realizan a diario los empleados legislativos y que sin dudas no está en discusión, ni pretendo que esté, pero nosotros, los legisladores, somos funcionarios electos, elegidos por ciudadanos para representar, trabajar y dar respuestas concretas, y en ese sentido, este tipo de recesos no nos corresponde.

La realidad no se detiene, los problemas de los mendocinos tampoco, la inseguridad, los problemas económicos y sociales, nada de eso entra en pausa en julio. Al contrario, muchas veces, el invierno agrava todo: aumenta la demanda energética, golpea mas fuerte a los sectores mas vulnerables y pone a prueba nuestros sistemas de salud y educación.

Entonces, ¿con que lógica dejamos de trabajar justo cuando mas se necesita que estemos presentes?

El mensaje que damos cuando frenamos nuestra actividad legislativa es devastador, claro, y también muy equivocado: parece que lo que pasa afuera puede y debe esperar. Pero no puede. Mendoza no puede ni debe esperar.

Ser legislador no es ocupar una banca y es de dedicación exclusiva. Es asumir una responsabilidad todos los días. Es escuchar, trabajar, debatir y dar respuestas. Y eso no debe tener pausas que la sociedad no tiene.

Eliminar este receso no es una medida extrema. Es, en realidad, lo mínimo. Significa que las comisiones sigan funcionando, que los proyectos no queden guardados quince días y que mantengamos el ritmo de trabajo que los mendocinos esperan de nosotros.

También es una forma de reivindicarnos ante tantas falencias. Porque la política no va a recuperar la confianza con discursos, sino con hechos. Y ese es el hecho concreto.

En lo personal, me encuentro muy sorprendida, porque creí que, al presentar el proyecto de ley de la eliminación del receso legislativo para diputados y senadores provinciales, íbamos a ponernos de acuerdo más allá de las diferencias partidarias. Creí que había sectores de la política que iban a acompañar una medida tan básica como terminar con un privilegio, pero me equivoqué, ya que oposición, oficialismo y autoridades del gobierno salieron al cruce, y los que no lo hicieron se quedaron en silencio. El silencio de quienes, en teoría, dicen defender la política mas cercana a la gente, más austera, más comprometida, y en ese momento no dijeron nada o eligieron mirar para otro lado.

Ese silencio también es una forma de decisión. Y los mendocinos lo ven.

Se que estas decisiones incomodan.

Siempre incomoda tocar privilegios.

Pero si realmente queremos una política mas creíble, mas cercana y mas honesta, tenemos que empezar por casa.

No podemos exigir esfuerzo, compromiso y austeridad a la sociedad si nosotros no estamos dispuestos a dar el ejemplo.

Una legislatura activa todo el año, trabajando en invierno como si fuera cualquier otro momento del año no es un gesto: es una OBLIGACION. Es el piso mínimo de responsabilidad que hoy nos exige Mendoza.

Ya es tiempo de abolir los privilegios. Y es momento de demostrar, con hechos, que estamos acá para trabajar en serio. 

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