La dieta que ayuda a evitar las alteraciones de la microbiota

La adaptación de la alimentación es un pilar fundamental para tratar el SIBO.

La dieta que ayuda a evitar las alteraciones de la microbiota

Por: Mendoza Post

La microbiota cumple un papel fundamental en nuestra salud: influye en nuestro tránsito intestinal y se relaciona con los sistemas inmune, endocrino y urinario, entre otros.

Por distintos factores, puede sufrir alteraciones que afectan su diversidad y cantidad de microorganismos que la forman, lo que da lugar a un proceso patológico denominado sobrecrecimiento bacteriano o SIBO.

El sitio TN, en su apartado "Con bienestar", consultó a la licenciada en Nutrición Carolina Caligiuri (M.N. 4.797), quien explicó que existen tres tipos de SIBO:

1.SIBO en el que predomina el hidrógeno. Se da cuando principalmente hay proliferación excesiva de bacterias. Suele ser más frecuente la diarrea, aunque también puede manifestarse el estreñimiento y la alternancia entre estreñimiento y diarrea.

2.SIBO en el que predomina el metano. Ocurre cuando se da sobrecrecimiento de acheas metanogénicas (microorganismos). El mayor síntoma es el estreñimiento.

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3.SIBO en el que predomina el sulfuro de hidrógeno. Está en línea de investigación. Los síntomas son menos conocidos. Algunos poseen mal olor de gases o deposiciones, por el azufre. Además las personas que lo padecen, suelen no responder tan bien a la dieta baja en FODMAPs.

Cómo saber si se tiene SIBO y de qué tipo

La prueba que se suele utilizar para medir hidrógeno y metano diagnosticando SIBO, es un test del aliento: se administra generalmente glucosa o lactulosa (utilizadas como sustrato de los hidratos de carbono) y se va tomando una muestra del aliento (se sopla en unos tubos) cada 15 o 20 minutos.

Después se analiza qué gases y cuándo se producen. Estas pruebas de respiración detectan la presencia de metano e hidrógeno, gases que no se producen normalmente en el organismo de los seres humanos. El metabolismo de los carbohidratos en el intestino delgado, en presencia de bacterias colónicas, conduce a cambios en las concentraciones de hidrógeno y metano.

Si se produce más de una cantidad determinada de gas demasiado pronto (antes de lo que tarda el sustrato en llegar al intestino grueso), se considera que la prueba es positiva. Para el Sulfuro de Hidrógeno, todavía no hay una prueba que lo diagnostique, aunque se puede "adivinar" si se padece este tipo de SIBO de manera indirecta.

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Los síntomas asociados a SIBO son: distensión y/o dolor abdominal, flatulencias, dolor en la parte alta del abdomen, eructos, acidez, náuseas, fatiga, diarrea y estreñimiento.

Si no se recibe la atención adecuada y el caso se agrava, puede derivar en desnutrición y pérdida de peso, ya que en ocasiones se da una mala absorción a nivel intestinal de grasas, vitaminas liposolubles como A, D y E, vitamina B12 y hierro.

Tratamiento 

La tríada del tratamiento consiste por un lado en farmacoterapia (antibióticos), por otro, en el abordaje nutricional para adaptar la alimentación y finalmente en una atención psicológica para la gestión del estrés.

Dieta para SIBO

La adaptación de la alimentación es un pilar fundamental para tratar la enfermedad. Para esto, es conveniente consultar con un nutricionista matriculado especializado en el tema.

"La dieta que tiene mayor aplicabilidad en la práctica clínica es la incorporación de alimentos bajos en FODMAPs para disminuir el crecimiento bacteriano. Por lo general, dura de una a dos semanas de forma estricta y se progresa con la incorporación de otros alimentos. No debe extenderse por más tiempo, ya que puede generar deficiencias nutricionales, entre estas, la carencia de fibra. Sin ella, la microbiota se verá afectada y puede elevarse la pérdida de bacterias colónicas saludables", adviertió Carolina Paula Caligiuri en la entrevista publicada por el periodista Guillermo Lobo. 

Cómo comenzar

Fase uno: Se eliminan de la dieta los alimentos de alto contenido de FODMAPs por un período de entre dos a seis semanas.

Fase dos: Después de aproximadamente seis semanas, comienza la fase de reintroducción, cuando se vuelven a consumir de manera estructurada, uno a la vez, alimentos con alto contenido de FODMAPs, para ayudar a determinar cuál de las cinco azúcares desencadena los síntomas gastrointestinales. No todos los alimentos molestan a todas las personas de igual manera.

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Fase 3: Es una fase más personalizada respecto a la tolerancia de los diferentes grupos de alimentos para cada persona. Se podrán limitar o dejar de comer esos alimentos y reanudar el consumo de los que no generan síntomas.

Entre los alimentos más altos en FODMAPs que se recomienda eliminar de la dieta, figuran: alimentos con trigo, centeno o cebada; algunos productos lácteos, por ejemplo: leche, quesos suaves, yogur aromatizado o helados.

Jarabe de maíz con alta fructuosa, néctar de agave, miel, refrescos, ajo, verduras como cebollas, espárragos, calabaza, coles, alcachofas, frijoles o arvejas.

Algunas frutas como manzanas, moras, cereza, mango, pera, ciruela, sandia; frutos secos, salchichas, cereales endulzados, granos.

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