El secreto está en respetar el levado, trabajar bien la masa y darle una primera cocción antes de agregar el queso.
Cómo hacer pizza casera con una masa esponjosa y base crocante
Hacer una pizza casera con buena miga y una base crocante no requiere un horno profesional ni ingredientes difíciles de conseguir. Con una receta simple y algunos cuidados durante el amasado y la cocción se puede lograr una masa aireada, firme y capaz de sostener la salsa y el queso sin quedar húmeda en el centro.
Para preparar dos pizzas grandes se necesitan 500 gramos de harina 000, 300 mililitros de agua tibia, 10 gramos de levadura fresca o 5 gramos de levadura seca, una cucharadita de azúcar, dos cucharaditas de sal y tres cucharadas de aceite de oliva. Esa proporción deja una masa con una hidratación cercana al 60%, un punto manejable para trabajar en una cocina doméstica y suficiente para conseguir una miga suave.
El primer paso consiste en activar la levadura con parte del agua tibia y el azúcar. Después de unos diez minutos deberían aparecer pequeñas burbujas o espuma. A partir de ahí se incorpora la mezcla a la harina junto con el aceite y el resto del agua, hasta formar una masa blanda. El amasado debe extenderse durante unos 8 a 10 minutos, hasta que la preparación quede lisa y elástica.
Una vez formado el bollo, la masa debe descansar tapada en un lugar templado durante aproximadamente una hora, o hasta que duplique su volumen. Este paso es uno de los más importantes para conseguir una pizza esponjosa. Si se corta demasiado el levado, la masa puede quedar compacta y con menos aire en su interior.
Para la salsa se puede utilizar tomate triturado, ajo, orégano, aceite de oliva, sal y pimienta. La preparación se cocina durante unos 15 minutos para reducir parte del líquido. Una salsa demasiado aguada puede humedecer la masa durante la cocción y dificultar que la base quede crocante.
Antes de estirar los bollos, conviene precalentar el horno a unos 220 grados. La masa se divide en dos y se coloca sobre pizzeras aceitadas. Una de las claves para mejorar el resultado en un horno casero es realizar una precocción de 7 u 8 minutos únicamente con una capa fina de salsa.
Recién después de esa primera cocción se incorpora la mozzarella y el resto de los ingredientes elegidos. La pizza vuelve al horno durante aproximadamente 10 a 12 minutos, hasta que el queso se derrita y los bordes comiencen a dorarse. Este procedimiento permite que la base termine de cocinarse sin que el centro quede crudo.
Otro punto importante es no sobrecargar la pizza. Demasiada salsa, queso o ingredientes con alto contenido de agua pueden impedir que la masa se cocine correctamente. Para conseguir una pizza casera crocante por debajo y esponjosa por dentro, la temperatura del horno, el levado y la cantidad de cobertura son tan importantes como la propia receta.
Para terminar, se puede agregar albahaca fresca, orégano o un hilo de aceite de oliva. Dejar reposar la pizza durante uno o dos minutos antes de cortarla ayuda además a que el queso se asiente y las porciones mantengan mejor su forma.



