La cantante murió el 7 de septiembre de 1996 en un accidente vial en Entre Ríos. Tres décadas después, sus canciones siguen formando parte de los estadios y hasta llegaron a convertirse en cantitos de la Selección argentina.
A 30 años de su muerte, Gilda sigue cantando en las canchas argentinas
Este lunes 7 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Gilda, una de las figuras que marcó para siempre a la música tropical argentina. Miriam Alejandra Bianchi tenía 34 años cuando perdió la vida en un accidente de tránsito mientras viajaba para realizar un show. Su historia, sin embargo, siguió creciendo después de aquella tragedia.
Una parte particular de ese legado quedó instalada en el fútbol argentino. Canciones como "No me arrepiento de este amor" y "No es mi despedida" fueron adaptadas por hinchadas de distintos clubes y sus melodías todavía se escuchan en las tribunas.
Gilda murió el 7 de septiembre de 1996 sobre la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. Viajaba rumbo a Chajarí junto con familiares y músicos cuando el colectivo en el que se trasladaban chocó de frente contra un camión que había invadido el carril contrario.
El siniestro dejó siete víctimas fatales. Además de la cantante, murieron su madre, conocida como Toti; su hija Mariel; tres integrantes de la banda y el conductor del micro.
De maestra jardinera a referente de la cumbia
Antes de convertirse en Gilda, Miriam Bianchi trabajaba como maestra jardinera en Villa Devoto. Su llegada al circuito tropical se produjo en un ambiente en el que predominaban los hombres y en el que tuvo que atravesar numerosas dificultades antes de conseguir reconocimiento.
Su hijo Fabricio Cagnin, quien sobrevivió al accidente, recordó en declaraciones a C5N que el comienzo de la carrera de su madre estuvo lejos de ser sencillo. Según contó, avanzó a partir de su talento, personalidad y confianza, sin contar con facilidades para ingresar al ambiente musical.
Gilda había tenido a Fabricio y Mariel durante su matrimonio con Raúl Cagnin. La familia también mantenía una fuerte relación con Vélez Sarsfield. Fabricio explicó que su madre no seguía especialmente el fútbol, aunque participó de los festejos familiares cuando Vélez obtuvo la Copa Intercontinental de 1994.
Ver: Luck Ra apuntó contra La Joaqui y habló de su "ex gran amigo"
Con el tiempo, esa conexión terminó adquiriendo otra dimensión. Cuando Gilda recién empezaba a hacerse conocida, le consultó a su productor Toti Giménez cómo se daría cuenta de que finalmente había alcanzado la fama. La respuesta apuntó directamente al fútbol: el verdadero reconocimiento llegaría cuando una hinchada como la de Boca utilizara alguna de sus canciones. Eso terminó ocurriendo y fue mucho más allá de un solo club.
Las canciones de Gilda que se volvieron cantitos de cancha
Las melodías de la cantante fueron modificadas por diferentes hinchadas para crear canciones dedicadas a sus equipos. Así, su música atravesó camisetas y rivalidades hasta transformarse en parte del sonido habitual de los estadios argentinos.
Esa presencia también alcanzó a la Selección argentina. Durante el último Mundial, una adaptación basada en una melodía de Gilda fue utilizada para acompañar el sueño del equipo de Lionel Messi de conseguir otra Copa del Mundo.
Fabricio Cagnin recordó ese episodio como uno de los momentos más significativos relacionados con el legado artístico de su madre. Para él, escuchar a los propios jugadores argentinos entonar una canción construida sobre aquella melodía tuvo una dimensión especial.
La relación entre Gilda y el fútbol terminó así trascendiendo incluso su condición de hincha de Vélez. Tres décadas después de su muerte, sus canciones siguen reapareciendo cada fin de semana entre bombos, banderas y tribunas.
El recuerdo de Gilda dentro de su familia
Para Fabricio, el fenómeno popular convive con una memoria mucho más íntima. El hijo de la cantante mantiene actualmente su propio proyecto musical bajo el nombre de Chio y suele recordar las enseñanzas que recibió de su madre.
Entre ellas, destaca la idea de vivir con intensidad y sostener las propias convicciones incluso cuando aparecen obstáculos. También aseguró que, con los años, encontró una manera diferente de mantener presente a Gilda en su vida cotidiana.
A 30 años de aquel accidente en Entre Ríos, el legado de Miriam Alejandra Bianchi continúa en sus discos, en su familia y en un lugar que probablemente ni ella imaginó ocupar cuando comenzó a cantar: las tribunas del fútbol argentino.



