“Muchas personas tienen ideas pero pocas deciden hacer algo hoy” - Mendoza Post
Lunes 9 Feb 2015Lunes, 09/02/15 atrás

Pienso en el camino, mientras paso los pocos árboles que van quedando por Benegas y los muchos obstáculos que aparecen en el asfalto (los de colores amarillos), Voy pensando que un buen entrevistador es un psicólogo frustrado. La gran variedad de la vida está allí, en un diálogo, a veces, de 30, 45 o 180 minutos. Y a diferencia de un psicólogo, el entrevistado no vuelve al entrevistador. Somos psicólogos frustrados los entrevistadores, sí. Maldito Freud.

Ha llovido en el desierto. Seguirá lloviendo, parece. Son esas lluvias que tapan las acequias. Miles y miles de botellas de plástico atascan la sabiduría de los incas, que nos legaron ese sistema civilizado para que el agua corriese con mucha democracia por el páramo. Veo botellas de vidrio rotas en las calles. Anoche nuestros chicos deben haber salido y por alguna razón siempre podemos seguirlos por los vidrios rotos. Los honguitos que la ley denomina reductores de velocidad a cualquier inca le causarían gracia, a la hora de explicarles el nivel de civilización de uno de sus más recónditos dominios, para trasladarnos por esta ciudad de tránsito accidentado.

Cuando llego a esta entrevista ingreso en un galpón descomunal, inmenso. ¿Un cuarto de millón de botellas? Pienso en John Cheever, por el gin. Pienso en Hemingway por el ron. Pienso en Capote por elwhisky. Pienso en varias estrellas de rock. Por ahí, veo una caja de una de las mejores bebidas argentinas, nacional y popular, pero bien, sin cháchara: Príncipe de los Apóstoles. Así empezamos la charla con Rodrigo Guardia, hablando de gin (John Cheever me guiña un ojo).

Rodrigo es un tipo que decide, que activa, que en cortos espacio resuelve. No tiene miedo de equivocarse y cada vez lo hace menos. Es humano, claro. Pero es de esas personas que aprenden de los errores. No es una frase de autoayuda de Facebook. Es real: cuando se lo escucha, uno se siente reconfortado de saber que el espíritu emprendedor del capitalismo produzca personas exitosas. La jungla no es fácil, pero la vida es acción.

Las próximas aperturas de Go Bar: Córdoba, San Luis y Rosario.

¿Qué hiciste en Kentucky?

(Carcajadas) ¿Y cómo sabes que estuve en Kentucky? (Más risas)

En una época era buen periodista.

(Más risas) Fui a estudiar. Hice todo el quinto año en Kentucky, en esos intercambios estudiantiles. Recibía aquí durante un año a un estudiante de cualquier parte del mundo y luego al revés. Me quedé en la casa de uno de los chicos.

Un año en Kentucky. ¿Y qué onda?

En realidad fueron 8 meses.

¿No aguantaste más?

(Risas) No, era ese el tiempo para terminar la secundaria. Luego validé el título acá.

¿Hasta ese momento nunca habías vivido solo?

No, nunca. Allá vivía con una familia. La experiencia Kentucky fue muy buena, realmente. Me abrió mucho la cabeza. E hizo que me independizara. Y aprender otra cultura.

“Vivir afuera a los 18 años me abrió mucho la cabeza”

¿Llegaste con un formato allí y saliste distinto?

Fue medio una explosión. Yo estaba acostumbrado a ir al mismo colegio desde el jardín de infantes. Y de pronto llegué a un lugar, que si bien yo sabía hablar bastante bien inglés, tenían como un dialecto… bueno, no un dialecto... un...

¿Slang?

Sí, un slang totalmente distinto. Y me costó muchísimo entenderlo.

Además de estudiar, ¿hiciste allí alguna otra cosa?

No mucho. Estudiaba. Hice un grupo grande de amigos. Lo que estaba bueno es que una vez por mes había viajes y excursiones con todos los estudiantes de intercambio de la región. Rusos, muchos ucranianos, africanos, europeos. Ibamos una semana a Washignton, otra a Nueva York. Y ahí el choque era mayor con otras culturas del mundo. Estábamos todos en la misma situación: la misma edad, estudiando y conociéndonos.

Una especie de Naciones Unidos del desarraigo.

(Ríe) Algo así. Ahí aprendí a valerme por mi cuenta.

¿Ya sabías lo que ibas a estudiar cuando regresaras?

Lo tenía, sí. Pero cuando llegué acá me cambió la bocha completamente (ríe). Estuve dos años en Ingeniería en Informática, otros en Derecho y terminé estudiando Administración de Empresas. Y todavía no me recibo. Siempre pensé que estudiaría abogacía, pero cuando volví de Kentucky pensé que estaba totalmente confundido.

"He pifiado como en todas las cosas, aunque he tenido algunos aciertos".

¿Para los negocios parece que no te confundís tanto, no?

Sí, he pifiado como en todas las cosas, aunque he tenido algunos aciertos, claro. Pero la he pifiado, claro.

¿Nos remontamos al principio de este negocio?

Empecé a los 21 años con un proyecto que se llamó Drinks Delivery. Repartíamos bebidas en las previas. Eramos cuatro amigos en ese negocio. Uno de ellos es mi actual socio, Vladimir. Yo era el telefonista, atendía los pedidos, y ellos los repartidores. Fue mi primer emprendimiento. Iría mutando el negocio hasta llegar a Go Bar.

¿Cuál fue el diferencial de Drinks Delivery?

El secreto en nuestro inicio fue que en aquella época no llegaban tantos mails a tu casilla personal. Entonces cualquier mail spam lo leías. Nosotros teníamos un programa que mandaba mails a distintas casillas que previamente filtrábamos con direcciones de Mendoza. Esa fue nuestra publicidad y comunicación. Era todo por módem. Pasábamos toda la noche mandando correos con nuestras promociones. Eso lo hicimos la semana previa a la apertura. Disparamos 20 mil mails en Mendoza. Creo que deben haber sido las primeras direcciones que existían aquí. Cuando abrimos pensamos el mejor horario entre las 20 y las 24. Teníamos todos autos a GNC, casi un requisito, ya que era una diferencial grandísimo (risas). El día que realmente abrimos fue un viernes. Todo nuestro stock eran 12 botellas de fernet y 18 de coca cola. A las 20 abrimos y antes de las 21 ya habíamos “quebrado” el stock. Recibimos unos 30, 40 llamados. Nunca esperamos ese éxito. Tuvimos que pedir plata a nuestros padres para stockear mejor y se la íbamos devolviendo mientras vendíamos. Así hicimos, hasta conseguir nuestro propio stock.

¿Y que pasó cuándo se sancionó la Ley Seca?

Terminó el negocio (ríe). Estaba en su mejor momento. Y esa ley impidió vender alcohol después de las 23 horas. Igual, para ese entonces, estábamos cansados y se había cumplido el ciclo de ese negocio. Cerramos de un día para el otro.

¿Comenzaron una reconversión?

Así es. Hicimos una sociedad sumando a Andrés Pérez Cuesta. Y ahí nació Go Bar. Impusimos las barras para eventos y casamientos. Con barman loqueados, ingredientes frescos, variedad de tragos, sin largas esperas. Así nació el actual Go Bar.

"El modo que más admiro: los que crearon todo desde la nada, desde abajo"

¿Siempre fuiste un emprendedor focalizado o podes armar distintos proyectos al mismo tiempo?

Ahora estoy concentrado en Go Bar, aunque al mismo tiempo tenemos emprendimientos gastronómicos, como el Mercadito, con otros 4 socios más. Soy muy enfocado, la verdad. Y cero dispersión.

¿Hay algún empresario de Mendoza que te cause especial atención?

Hay varios, claro. (Piensa) Me gusta mucho lo que hacen e hicieron los David. Mucho, mucho laburo. Impresionante. Y admiro que hayan empezado desde cero, de la nada. En realidad, ese es el modelo que más admiro: los que crearon todo desde la nada, desde abajo. También está bueno lo que ha hecho los chicos de Sushi Club, los reyes de las franquicias.

Has regresado a Estados Unidos…

(Interrumpe) Pero a Kentucky no (ríe). Viví en un pueblo de 3500 personas. No había mucho que hacer. He vuelto a Estados Unidos, a otras ciudades. Me gusta mucho de allí la capacidad de gestión organizativa que tienen las empresas. Y las reglas claras de la economía.

¡Todo al revés de lo que pasa en Argentina!

Sí. Pero acá todos critican y de hecho hay cosas muy buenas. Las capacidades y oportunidades de crecimiento que existen en Argentina no existen en todos lados. Acá, si la pegás, la pegas en serio.

O sea, la historia de Go Bar.

Nosotros empezamos instalando barras. Y comenzamos a crecer rápido. Tuvimos que buscar una oficina, para atender a los clientes. Y alquilamos una casa que tenía un local comercial en la planta baja, sin saber qué haríamos allí. Hicimos lo más lógico: venta de las bebidas que llevábamos en las barras. Fue nuestro primer local, en la calle Mariano Moreno. Al principio era un “liquor store” y fue mutando a una vinoteca. Nos fue muy bien. Abrimos otro en Chacras y después en la Sxta Sección. Luego unos conocidos quisieron abrir una especie de franquicia en San Martín. No teníamos ni idea de lo que era una franquicia. Ese local anduvo tan bien, que detectamos qe había una oportunidad. Y que el negocio pasaba por abrir sucursales franquiciables. En ese escenario el problema que enfrentamos era hacer ir a cada sucursal a nuestros 40 proveedores. Alquilamos un galpón. Concentramos la mercadería. Y proveíamos a las sucursales. Ahí nos enfocamos en el negocio de las sucursales. O sea, volvimos a transformar el negocio. Ya con 13 sucursales no pudimos abrir más sino recurríamos a una inyección de capital. Decidimos salir a buscar un socio que aportara capital de trabajo. En 2013 nos asociamos con un empresario del petróleo y del cine y gran apasionado del vino. Y retomamos el proceso de expansión.

Hasta las 23 sucursales actuales

Sí. El plan mayor es tener en 8 años 200 sucursales en el interior de Argentina. Abrimos una nueva la semana próxima en Córdoba. Después otra en San Luis. En marzo, Rosario. Este es el año en que nos expandimos desde Mendoza hacia otras provincias. Un gran desafío que no espera en este 2015. Nuestro modelo de negocios es generar ventajas competitivas que hagan que la franquicia sea un negocio atractivo y rentable. Para el consumidor, para el dueño de las franquicias y para nosotros.

"El plan mayor es tener en 8 años 200 sucursales en el interior de Argentina"

¿No da un poco de nervios la situación económica de Argentina para encarar estos desarrollos?

El panorama no ayuda mucho, en cuanto a pedir préstamos, crédito ni en el contexto en general. Al mismo tiempo sucede que nosotros no hemos parado de crecer. Seguramente si el panorama hubiese sido otro hubiéramos crecido más aún. Pero no nos podemos quejar. Con la recesión las ventas no nos han bajado.

¿Y el slalom con la inflación?

Ya estamos entrenados. Apenas los proveedores anuncian subas de precios tenemos un software con el que programamos el cambio en la lista de precios de forma automática. Si no hiciéramos eso te gana, te come. Lo ideal es comprar a listas viejas y vender con la lista nueva. Es una gimnasia increíble. Otro problema que tenemos es con el desabastecimiento de las bebidas importadas. No podemos comprar los whiskies que quisiéramos tener en nuestras góndolas. El gin que a vos te gusta cuando se consigue hay que cuidarlo como oro (risas).

En ese caso parece una oportunidad. Se sustituye por un producto hecho en Argentina con un grado de innovación inusual.

Absolutamente esa es una oportunidad, de quien lo hizo y lo produce y lo pensó. La verdad que el dueño de ese gin la está rompiendo. No hay Bombay, no hay Beefeater, y el Apóstoles es un gran gin argentino con más calidad de los que podemos conseguir hoy en día en importados.

Los nuevos emprendedores de Mendoza, ¿tienen como fortaleza formar grupos humanos muy compactos? En Go Bar eso también sucede.

Es uno de los secretos, sin duda. Y también la perseverancia, la constancia. Nosotros le ponemos mucha pasión a lo que hacemos. Pero en especial, la acción. Tomar las decisiones y hacerlo. Hay gente que tiene muchas buenas ideas, e incluso que probablemente puedan funcionar, pero no se arriesgan a activarlas. Creo que la acción es uno de nuestros secretos.

Me parece un muy bien cierre de entrevista: la acción.

Mi biografía en Twitter dice: “Muchas personas tienen ideas pero pocas deciden hacer algo al respecto hoy. No mañana ni la próxima semana. Hoy”.