Ganarle a la crisis: historia mendocina, humilde y exitosa - Mendoza Post
Sábado 31 Ago 2019 21 días atrás
porRicardo Montacuto
Director Periodístico

Escuchar a la abuela Miriam emociona. Hizo apenas la escuela primaria. Pero le sobra educación. Y desborda entusiasmo. Se apura en las palabras para transmitir su historia. Cómo empezó desde abajo, sin trabajo, y con una verdulería modesta que se fundió, porque en aquellos años le pusieron un supermercado enfrente.

La historia de la productora de mermeladas y conservas Miriam Fernández, propietaria de la fábrica de productos naturales "Mamma Rosa", resalta por contraste. Por ganas. Por empuje. Por la determinación de "hacer algo" para alimentar a sus tres hijos, hoy universitarios que la ayudaron a multiplicar su negocio. En verdad, escucharla a Miriam anuda sensaciones en la garganta. Aprieta el alma. Porque entonces es cierto que se puede. Y no es éste el eslogan político del oficialismo. Se puede de verdad mientras otros eligen marchar por consignas setentistas, o declamando un hambre que existe, pero en otro lado, mientras son arreados a marchas en colectivos con dinero que podría tener mejores usos.

El éxito en cada feria.

La sola existencia de Miriam cuestiona la existencia de la pobreza inerme. Aprendió a hacer mermeladas sin saber. Y hoy elabora un producto de alta calidad y de exportación. Se fue haciendo al calor de las ollas y del dulce. "A veces llegaba a acostarme agarrada de algo porque me caía" contó este viernes en "Te digo lo que pienso". Fue la entrevista que más disfruté en una semana espantosa, en la que la incertidumbre, el miedo al futuro, el temor a medidas extremas de un gobierno que fue impotente para entender la economía; marcaron los días a fuego. El gobierno decidía el control de capitales a los bancos, que no podrán girar dividendos al exterior sin pedir permiso al BCRA, mientras Miriam brillaba contando su historia. Porque sabe que es ejemplar, y que puede contagiar a otros que hoy chapotean como pueden en la pobreza.

Durante la primera parte de los '90, el fantasma de la hiperinflación era aún muy cercano. La familia de Miriam vivía como podía. Tenían un puesto de verduras en una feria de Guaymallén del que subsistía todo el grupo familiar: ella, su marido y tres hijos.

"Cuando nos quedamos sin trabajo, hubo que empezar desde cero. Con tres hijos chicos buscamos la forma de salir y lo primero que se nos ocurrió fue poner una verdulería en la casa", recuerda.

Miriam explicó cómo empezó la producción de mermeladas, sin éxito, y se perfeccionó para convertir esa idea en un proyecto que hoy tiene alcance internacional.

Trabajar en familia, un factor de éxito.

- ¿Cómo empezaste con las mermeladas?

- Como la historia de mucha gente en el país, en 1992 teníamos un puesto en la feria de Guaymallén. Nos iba bien hasta que nos quedamos sin trabajo y decidimos abrir una verdulería en nuestra casa en Las Heras. El problema fue que un día abrieron un supermercado enfrente y cayeron las ventas. En la desesperación, decidí hacer dulces para no perder la fruta.

- ¿Cómo te fue con esa primera experiencia?

- Los primeros dulces eran muy malos. La primera vez se quemó todo y tuve que tirar la producción. Pero la necesidad era más grande, por lo que también hicimos conservas de salsas de tomate para vender. Las hacíamos por encargo. Después le fuimos agarrando la mano... Empecé a sentir que me gustaba el trabajo. Hacer las mermeladas. Fui hasta la municipalidad de Las Heras. Hablé con Guillermo Amstutz que en ese momento era el intendente y le dije: "Sé hacer dulces y tengo ganas de trabajar". Él  nos visitó, vio cómo hacíamos nuestros productos... y me ayudó a conseguir los permisos bromatológicos para poder vender...

(Podcast: Escuchá la entrevista completa):

-¿Cómo surgió el nombre "Mamma Rosa"?

- En realidad fue una coincidencia. Tenía un amigo en la Cámara de Comercio italiana que un día me dijo, "Te pareces a una mamma italiana" por mi aspecto físico y luego, hablando de su tía Rosa, me dijo... que era como ella... y de unir las dos ideas surgió "Mamma Rosa". Me dijo "Ese es el nombre... es tu nombre" Y quedó...

-¿Dónde fue la primera venta?

- La primera venta fue en Buenos Aires, en la Casa de Mendoza. Aterricé con 1000 frasquitos de dulces y casi me echan... porque allí sólo hacían trámites. Yo les dije que no los iba a molestar y que necesitaba trabajar, por lo que me prestaron un escritorio y me puse a vender allí. Afuera. 

- Yo sabía que Buenos Aires estaba ansiosa de productos caseros. Hice degustaciones y a la gente le gustó. Fue una historia muy linda, que me llena de mucho orgullo porque después otros productores pudieron repetir la experiencia.

Miriam Fernández. Plena.


-¿Fue difícil combinar este trabajo con tu tarea de madre educadora de tres hijos?

- Trabajábamos con mis hijos. Eran chicos pero buenos peladores de frutas. Yo les decía que cuando terminaran podían salir a jugar. Era agotador. Al principio dormía menos de seis horas. Empezábamos a las 5.00 de la mañana y seguíamos hasta la noche cuando terminaba la pasteurización. A veces me sostenía de lugares de lo cansada que estaba, para llegar a dormir.


Ejemplo

En la actualidad la fábrica está en Las Heras y produce 1.000 frascos de mermelada y conservas cada tres horas. El producto estrella son los corazones de alcauciles que, según comentó Miriam, son furor en Buenos Aires.

Plena producción.

También sus hijos forman parte del negocio familiar. Su hija es Licenciada en Administración, su otro hijo estudió diseño gráfico y el otro, ciencias económicas. La mujer señaló que gracias a la fábrica pudo educarlos y enseñarles valores: "Los tres aprendieron a defenderse y a ser independientes", sostuvo Miriam quien contó que los tres se encuentran vinculados con la comercialización y distribución de productos en Buenos Aires y Brasil.Nunca imaginó llegar al nivel de producción actual y quiere ayudar para que todas las personas puedan a cumplir el sueño de ser emprendedor.  Y ofrece su fábrica para capacitar. "Uno realmente sueña cuando hace un emprendimiento y como yo, hay gente que necesita entender que todo se puede". "Mi sueño sigue, porque esto no tiene techo" concluyó.

Colaboró: Juan Stagnoli.