En diálogo con Radio Post, un referente del sector explicó por qué los hidrocarburos siguen siendo clave, qué cambió con Vaca Muerta y qué lugar puede ocupar Mendoza en el nuevo mapa energético.
Vaca Muerta: qué puede ganar Argentina y dónde entra Mendoza
La energía atraviesa la vida cotidiana mucho más de lo que se percibe. Encender una luz, cargar un celular o trasladarse implican una red compleja que suele pasar desapercibida. En una entrevista con Radio Post, Fernando Halperin, del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, planteó que entender ese entramado es clave para analizar el presente y el futuro de la Argentina.
Según explicó en el programa Victoria de 8 a 11, más del 80% de la energía que consume el mundo proviene de combustibles fósiles como el gas, el petróleo y el carbón. Aunque están en el centro de las críticas por su impacto ambiental, también son los que sostienen el nivel de vida actual. Sin ellos, dijo, sería imposible mantener la escala de producción, transporte y consumo que caracteriza a las economías modernas.
En ese marco, Argentina tiene una particularidad: su matriz energética está dominada por el gas natural, que representa cerca de la mitad del total, mientras que el petróleo aporta otro 30%. La ausencia de carbón -a diferencia de otros países- implica una ventaja relativa en términos de emisiones, ya que el gas es menos contaminante. De hecho, el país genera menos del 1% de los gases de efecto invernadero a nivel global, en parte por esta composición.
El punto de inflexión llegó con Vaca Muerta, una formación conocida desde hace décadas pero que recién en los últimos años comenzó a explotarse con técnicas no convencionales como la fractura hidráulica. Este desarrollo permitió revertir la caída en la producción de hidrocarburos que había llevado al país a depender de importaciones, incluso de gas licuado a precios muy superiores.
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Hoy, el escenario es distinto. La producción crece y el desafío ya no es solo extraer, sino transportar y exportar. En ese sentido, se avanza en obras clave como el oleoducto Vaca Muerta Sur y proyectos de gas natural licuado (GNL) para abastecer mercados internacionales. La apuesta es clara: convertir ese recurso en una fuente de divisas comparable con el complejo agroexportador.
El rol de Mendoza
Dentro de ese esquema, Mendoza aparece como un actor en evaluación. La provincia ya aporta entre 7% y 8% del petróleo nacional, aunque con producción convencional. Ahora, el foco está puesto en el potencial no convencional del sur provincial, donde la formación de Vaca Muerta también se extiende.
Las primeras exploraciones confirmaron la presencia de recursos, pero aún resta determinar su viabilidad económica y el ritmo de desarrollo. La expectativa es que, con el tiempo, esa actividad también tenga impacto directo en la economía mendocina.
La discusión de fondo, planteó Halperin, no es elegir entre energía "limpia" o "sucia", sino cómo gestionar una transición realista. Porque toda fuente energética, incluso las renovables, implica algún grado de intervención sobre el ambiente.
En ese equilibrio, Argentina tiene una oportunidad concreta: aprovechar sus recursos sin perder de vista los desafíos ambientales y de infraestructura que todavía condicionan su desarrollo.
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