El INDEC informó que el acceso al gas de red es el más bajo entre los servicios básicos y que casi la mitad de los chicos y adolescentes no tiene cobertura médica privada. Dos datos que hablan de una vulnerabilidad que persiste.
Un informe revela que el gas de red y la cobertura médica siguen siendo lujos
Tener gas en casa o llevar a un hijo al médico sin pagar de su bolsillo son cosas que mucha gente da por sentadas. Pero los números del último informe oficial del INDEC muestran que, para una parte enorme de la población argentina, esas dos cosas siguen siendo un lujo.
Los datos corresponden al segundo semestre de 2025 y fueron relevados a través de la Encuesta Permanente de Hogares en los 31 principales aglomerados urbanos del país, donde viven alrededor de 30 millones de personas.
El acceso al gas de red es el más bajo entre los tres servicios básicos medidos por el organismo. Solo el 60,5% de los argentinos tiene conexión domiciliaria de gas natural. El resto, casi cuatro de cada diez personas, depende de garrafas, leña u otros recursos para cocinar y calefaccionarse. En comparación, el agua corriente llega al 89,7% de la población y las cloacas al 69,5%. El gas es, con diferencia, el servicio más esquivo.
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Pero si hay un número que llama especialmente la atención en el informe, es el que tiene que ver con la salud de los chicos. El 45% de los menores de 17 años en la Argentina urbana depende exclusivamente del sistema público de salud: no tienen obra social, ni prepaga, ni mutual, ni servicio de emergencia. Eso equivale a más de 3,6 millones de niños, niñas y adolescentes que, cuando se enferman, solo pueden ir al hospital o al centro de salud del barrio.
Una brecha que se agranda con la pobreza
La situación se vuelve más llamativa cuando se mira la brecha entre quienes son pobres y quienes no lo son. En materia de gas de red, solo el 41,5% de los pobres no indigentes accede a ese servicio, contra el 68,1% de los no pobres. Una diferencia de casi 27 puntos entre los dos grupos.
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En cobertura médica la brecha es todavía más grande. El 40,8% de los pobres no indigentes vive en hogares donde todos sus miembros dependen únicamente del sistema público de salud. Entre los no pobres, ese porcentaje cae al 9,7%. Es decir que ser pobre multiplica por cuatro las chances de no tener ningún tipo de cobertura médica privada.
Y si se mira el acceso a los tres servicios básicos a la vez -gas, agua y cloacas-, apenas el 28,2% de los pobres no indigentes los tiene todos. Entre los no pobres, esa proporción asciende al 53,6%. Por supuesto, todos estos porcentajes empeoran en el caso de los pobres que sí son indigentes, cuya realidad el informe también abarca.
El informe completo



