Quincho: El compañero Cornejo - Mendoza Post
Post: Mendoza PostDomingo 15 Abr 2018 10 días atrás

Pocas tareas le agradaban más a Julián que amasar tallarines caseros. Una alquimia realmente milenaria. Había pasado su niñez leyendo todo tipo de aventuras, entre ellas las de Marco Polo, aquel viajero veneciano rescatado por Rustichello de Pisa. El que había llevado las pastas a Europa, desde Asia Oriental. A Julián le hizo gracia la imagen, mientras mezclaba harina, aceite de oliva, huevos, pimentón diluido en agua, y una pizca de sal. Le llevaría unas horas amasar para sus amigos. Pensó en que el peronismo necesitaba eso. Que lo amasen. Que unan los elementos, heterogéneos, tan divididos como el agua y el aceite, y logren con ellos algo bueno.

“Está difícil” pensó para sí, mientras envolvía los rollos de masa en film, antes de acometer la tarea con una Pastalinda que atesoraba desde hacía décadas. Su madre se había negado a usarla, partisana rebelde como era, y sólo amasaba con palo y cortaba los fideos a mano, como lo había aprendido de tres generaciones de mujeres de su familia. Práctico al fin, el gordo se había quedado con aquel invento maravilloso. Una vez puestos los tallarines a secar, comenzaría la tarea del tuco, lo que le llevaría unas cuatro horas más. Aunque apenas lo condimentaba, para realzar así el sabor de los tomates triturados y conservados en la alacena del quincho, le gustaba que la carne se deshiciera en la boca. Había conseguido unos cortes de aguja, y salchichas criollas. La química de la salsa era simple. Dorar la carne, agregar las cebollas y un pimiento cortado bien chiquito, dos botellas de tomate, un par de dientes de ajo, zanahorias en Juliana, perejil, albahaca y unas hojas de laurel. Luego agregaría las salchichas, vino blanco, ají molido, rectificaría sal y pimienta, y dejaría que la magia del fuego y la naturaleza hicieran el resto.

Los verdaderos tallarines del quincho.

El Ruso le miraba trabajar, mientras en un papel garabateaba las fechas de sus cheques. Había puteado en colores por el paro bancario de la semana anterior. Depositó los cheques el día anterior al paro y se los habían rechazado por fuerza mayor. Y encima le cobraron la multa. 110 mangos por cada papelote de cuatro lucas que había depositado. Y esta semana, habría jarana bancaria de nuevo. –Pobres, los clientes…- dijo en voz alta, mientras Julián seguía cocinando.

- Gorila… los compañeros bancarios merecen que la banca concentrada internacional y la oligarquía bancaria nacional les paguen lo que merecen…-

- ¿Y por eso, tienen que joder a la gente?

- ¿Y qué querés que hagan? ¿Un posteo en Facebook reclamando el aumento?

- ¡Jajajajaaaaaa!

El perfume de la salsa habría despertado a los héroes de la batalla de Maipú, que andaban con las almas inquietas en estos días de aniversarios. Julián ya tenía el agua hirviendo en la pastera. Le había tirado una hora de laurel, sal gruesa y oliva para que se no pegasen los tallarines tipo “cinta” que le gustaba preparar. Armó las fuentes, y encaró para la sala del quincho. El Ruso alcanzó el pesto genovés que Julián había hecho para los más golosos: albahaca y ajo preparados en el mortero, oliva, queso parmesano, nueces, sal (poca) y un toque de pimienta negra.

En el cuadro que adorna la pared norte del quincho, la que da a Las Heras Pozo, el general, Néstor, el Chueco, Lopecito, Lorenzo Miguel y Galimberti discutían las listas del peronismo para las elecciones en el Cielo. – Va el tío, y después yo…- dijo Juan Domingo. El gordo sonrió con satisfacción y se dirigió con las fuentes humeantes de pasta, a reunirse con sus amigos.

La charla se armó rapidito alrededor de los devaneos del peronismo. – Por fin pasa algo con ustedes…- dijo el Omar, el radical-radical-radical que habla con todos.

- Es verdad, por fin… pero no sé si es muy conducente, porque la visita y el repentino “diálogo” entre los chicos kirchneristas y Cornejo, lo que hizo fue ahondar las divisiones. Por ejemplo, Lucas Ilardo, que desde el cristinismo más puro ya juntó seis años de legislador, tenía aspiraciones de conducir el bloque de diputados, y así está muy difícil. Hay algunos legisladores que lo apoyan, pero hay por lo menos media docena que resisten, y eso sin contar que los muchachos que responden al enclave turco del sur están amagando con dividir el bloque…

- ¿Pero Anabel Fernández Sagasti se cortó sola… para ir a ver a Cornejo? – preguntó el Ruso, algo desavisado en asuntos políticos.

- No, habló con varios dirigentes antes de ir. Entre ellos, Adolfo Bermejo, que la alentó. El Adolfo es algo así como la voz del sentido común del peronismo. Eso descolocó a varios de los compañeros que puteaban…- dijo Julián, y se lubricó con un trago de “Piel Negra” 2014. Un Pinot Noir de Bressia, de excelencia. Pensó unos instantes antes de seguir, mientras Ludovico mojaba un grueso trozo de pan francés en el tuco. Tentación irresistible.

- Miren amigos… el peronismo de Mendoza no tiene quien lo ordene, quién lo una. Nadie puede resolver el problema de los sectores. Nadie “ordena” al resto. Sólo el poder, que hoy no está. Y lamentablemente corremos el riesgo de replicar la división nacional. Hay un peronismo con Cristina, y uno sin Cristina. Qué se yo… Si el PJ de Urtubey, Pichetto, Bossio, el peronismo “de la intervención” progresa y se arma sin Cristina, es como degustar estos tallarines sin salsa ni parmesano. No tendría sabor. Y no tendrán votos. Será como decirle a Macri “Dale Mauricio, la elección es toda tuya”. Un peronismo dividido es lo que le conviene al gobierno… ¿no?

Una de las fotos del año.

- ¿Y aquí? – preguntó Ludovico.

- Aquí es más complejo… hay liderazgos muy locales, departamentales, aunque no es lo mismo unos compañeros que otros. Miren… es tal el nivel de confusión, que ahora suspendieron la visita del senador Pichetto, porque se dieron cuenta que no podían criticar a los interventores desde la mesa del PJ, y a la vez, invitar a Pichetto a Mendoza. A ver… es cierto que pudo hacer algún ruido la “cumbre” Cornejo-Anabel. Pero al final, todos la van a usar a su favor. Los kirchneristas, para instalar una candidata. Los Bermejo, para reafirmarse como líderes sensatos. Especialmente el Adolfo. Alentó a Anabel a reunirse con Cornejo, pero lo “mató” al gobierno denunciando discriminación en obra pública, abandono de los intendentes peronistas a su suerte… Es decir, aplicó las enseñanzas de Perón. Por un lado dar, por el otro quitar. Los intendentes, que cuando se enteraron putearon hasta en sánscrito, de repente vieron la oportunidad de retomar el diálogo con el gobierno y romper el aislamiento en el que cayeron luego de negarse a la reforma constitucional. Y a los Félix les servirá para intentar diferenciarse del resto del peronismo.

- Está difícil…- agregó el Omar, con un tonito de ironía. Y los muchachos rompieron en carcajadas. Julián repartió otra vuelta de tallarines.

- Hablando de bloques y de peronistas… ¿qué pasó con Mario Díaz? – preguntó Ludovico, el más PRO del grupete, contento con las divisiones del peronismo.

- Bueno… Mario se equivocó en la sesión el otro día. Los radicales habían jugado bien, criticando la intervención del Partido Justicialista, y el Mario arrancó hablando de las manipulaciones del gobierno de Macri en la Justicia, y lo trasladó acá de un viaje, metiendo a su vez de “la injerencia” de Cornejo en la justicia local. Pasó que Néstor Parés, que es el presidente de la Cámara, bajó a la banca para contestarle, y lo acomodó de un cachetón: dijo que hacía bien el diputado Díaz en preocuparse por la justicia, ya que había sido el jefe de campaña de Lobos…

PJ local, contra la intervención.

- ¡Noooooooo! ¿Pero los Félix no lo querían a Mario como presidente de bloque?

- Sí, pero quedó incinerado. Cada vez que hable, le van a hacer acordar que trabajó para Lobos en las elecciones. Pero además… ¿Qué va a pedir el Emir? Ya los tuvo a Cofano y a Silvia Ramos, que se fueron antes…, como presidentes de bloque, y no lograron unificar- reflexionó Julián. –En Senadores es distinto, porque Patricia Fadel va a seguir, con el acuerdo de Adolfo Bermejo y Alejandro Abraham, que llegan a la Cámara. Bermejo va a ser vicepresidente primero, con seguridad…- insistió el gordo. Y cerró el tema con una reflexión pragmática.

- Miren… Que la critiquen a Anabel todo lo que quieran, pero se ha largado a caminar la provincia. Cualquier compañero que quiera hacer algo, y bueno, que agarren las “Topper”, que gasten suela, y que vayan juntando platita para la campaña… ¿no? Porque a fin de cuentas se trata de eso. Hay que juntar más de 20 palitos para una campaña decente…- dijo Julián. El Ruso anotó la cifra, y la mesa cambió de tema.

¿Y por casa?

El gordo no se iba a quedar con la sangre en el ojo.

- Qué linda sacudida le pegó Cornejo a Aranguren… ¿No será mucho? ¿Por qué no se queja con Macri de la política tarifaria? ¿Eh? Aranguren ya está en el piso. Está muerto. Pero no por las tarifas, sino por aquello de tener sus inversiones afuera. Ludovico agregó una pastillita.

- Mis amigos de Buenos Aires me contaron que Marcos Peña está bastante caliente con el Alfredo por la embestida. Le pareció demasiado…- agregó, mientras colocaba un poco de pesto genovés al costado del plato, para mezclarlo con el tuco.

- Bueno muchachos… saben qué… que se jodan… Y especialmente, que se joda Aranguren, porque cuando lleguen las boletas del invierno, posiblemente menos de un año antes de las próximas PASO, va a ser un escándalo. Los quiero ver a Macri, a Peña, a Aranguren, cuando empiecen a llegar las facturas de diez lucas para arriba a la clase media de Mendoza. Con el peronismo y José Luis Ramón haciéndose un festín… mejor avisar ahora… ¿no? – dijo el Omar, aguantando los trapos.

Una visita de Aranguren a Impa.

- Puede ser… pero lo que veo es que Cornejo abre muchos frentes… no era necesario pelearse con Aranguren, con la justicia, todo a la vez…- dijo el gordo.

- Es política… a ver… es posible que se le haya ido la mano en la crítica a Gonzalo Guiñazú, el juez que le hizo el “Ole” a la reforma de los tribunales colegiados, simplemente declarándose incompetente en un caso. Guiñazú tiene fama entre sus pares, de ser un enfermo del laburo, que no es lo mismo que “vago”, y encima es de ADN radical.

- ¿En serio?

- Sí. De la época de Llaver.

- Bueno, pero se le ocurrió hacerse el rebelde en un caso de femicidio. Y al final, la justicia para la víctima, para su familia, va a tardar en llegar, y encima con el ex “camarón” metido en el medio del caso, con las broncas cruzadas que tienen los jueces garantistas con el Alfredo. Mala combinación…- dijo el gordo.

- Todo lo que quieras, pero la verdad es que fue la fiscal Ríos la que pidió volver al tribunal original, y eso le facilitó la gambeta a Guiñazú. Alejandro Gullé no sabía nada y cuando pidió explicaciones, le dijeron que la orden la había dado Darío Tagua, que es el jefe de la Ríos…- aclaró el Omar.

- No entiendo nada…- quiso atajar el Ruso. El Omar trató de ser lo más decente posible.

- Había que tomar unas decisiones, en una audiencia por el crimen de la chiquita de Maipú, Julieta González, que lo venía llevando la Octava Cámara del Crimen. Pero cuando se pusieron en marcha los tribunales colegiados, el órgano administrativo que ahora tiene la justicia lo designó a Guiñazú, que es de la Quinta Cámara. Y por eso la Ríos lo objetó, y el juez se corrió, argumentando que no eran “jueces naturales” y que la ley de colegiados no puede ser retroactiva… ¿me seguís?

- Sí

- bueno, entonces, lo que pasó es que ahora debe entender la Octava Cámara de nuevo, que con tal de joderlo a Cornejo van a patear el asunto a la Corte, que ya sabemos cómo está con las reformas. A los jueces garantistas y sus aliados no les gustan ni medio. Como sea, lo que puede pasar, es que al final no pueda aplicarse la reforma de los “tribunales colegiados”, es decir, que nunca te falte juez, con ningún caso anterior a la ley. Y eso va a demorar la aplicación plena hasta bastante después de que se vaya Cornejo del gobierno… ¿entendés?

- Clarito. Una zancadilla.

- Algo así…- dijo el Omar, y los muchachos se lanzaron al homenaje silencioso de lo que quedaba de los tallarines, y del Pinot Noir. En paz, la cena fue llegando a su fin. Después del tiramisú, el café y un escocés decente a modo de bajativo, los amigos partieron rumbo a los autos. La noche estaba fresca en serio.

- Gordo… ¿escuchaste el rumor?

- ¿Cuál?

- El del plan secreto. El de recurrir al Pacto de San José de Costa Rica para habilitar la reelección de Cornejo.

- Sí. Lo escuché. Es una locura. El Alfredo no se va a prestar a eso de ninguna manera. De hecho, algo le dijo Anabel el otro día, cuando le contó que había miedo en la oposición, de que usara una eventual ampliación de la Corte para inclinar al tribunal de su lado y habilitarle la reelección.

- Pero no hay tiempo… Si hay que llamar a una constituyente, tiene que ser con la próxima elección de diputados. No llegan… ¿cómo es?

- Es simple… ya alguna vez se lo ofrecieron al Arturo Lafalla, y también a Paco. Ninguno de los dos agarró. La idea es que se estiren las definiciones, y que Cornejo se presente a elecciones como si nada, a gobernador. Alguien lo impugna, porque la Constitución de Mendoza no lo permite, y entonces recurre al Pacto de San José de Costa Rica, que desde el vamos defiende los derechos políticos sin exclusión. Muchos jefes de Estado lo usaron para conseguirse reelecciones. En ese caso, la primera autoridad de aplicación sería la Junta Electoral de Mendoza, que son los siete jueces de la Suprema Corte, más los presidentes de las cámaras de senadores y diputados. Con un guiño a favor ahí… y las boletas impresas y unas elecciones en marcha… sería imparable…

- Sería una locura política insana… no lo veo a Cornejo en esa.

- No. Por eso ni bien dejó la reunión con Anabel, Alfredo salió a desactivar cualquier idea de reelección… No lo consideraría ni tres minutos. Esto es Mendoza, y el costo político sería gigante…

- Bueno… pero entonces… ¿Por qué estamos hablando de esto?

- Porque en las últimas dos semanas, en varias de las “juntadas” de los tipos pensantes de Mendoza, esta idea anduvo sobrevolando.

- ¿Te imaginás?

- No. No hay modo. Habrá que esperar a que alguien pueda reformar la Constitución en serio, con todas las de la ley. Y con reelección. Una sola, para todos. Intendentes, y gobernador. Y puede que la provincia se equilibre un poco.

- ¿Y los jueces, y los poderes permanentes?

- ¡Jajajajaaaaaaa!

- ¿De qué te reís?

- Es lo que dijiste. El poder permanente. Cornejo les metió reformas a fondo, pero las boicotean, justamente porque pueden quedarse para siempre.

- ¿Y eso, está bien?

- No. Por eso tienen peor imagen que los sindicalistas. Pero la política no tiene suficiente fuerza como para cambiarlo. Cuando lo intentan, es para tener jueces de la servilleta, jueces adictos, jueces cómplices.

- Estamos jodidos…

- ¿En serio?

- ¡Jajajaaaaaaaaaaaaa!

Y así, entre risas y chanzas, y reflexionando sobre la señora de la balanza, los amigos se perdieron en el sentido estricto de la palabra.