Crónica furiosa del apriete de un trapito mendocino - Mendoza Post
Viernes 19 Ene 2018Viernes 19/01/18 atrás
Secretario Gral. de Redacción

Jueves por la noche. Se me ocurre la revolucionaria idea de ir a cenar a McDonald's con mi familia.

El clima es templado y la noche invita a comer allí, en ese lugar cargado de comida rápida y buenas intenciones. Es alimento pernicioso, ¡pero qué rico!

Con pocos habitantes en Mendoza, por la época de vacaciones, el momento no podía ser mejor. Incluso, conseguí un buen lugar para estacionar.

“¿Se lo cuido, maestro?”, me grita un “trapito”, antes de que termine de descender de mi vehículo.

“No, gracias. Se cuida solo”, le sugiero.

Los trapitos son un mal endémico de varias partes del país

Me dirijo a McDonald's, a deglutir mi ansiada hamburguesa, junto a mi familia. Un momento memorable, insisto.

Luego, llega la hora de volver a casa. Nos dirigimos al auto, en medio de la quietud de la noche.

“Son 50 pesitos”, me dice el “trapito”, aquel al que le pedí que no me cuidara el auto.

“No, este lugar es de libre estacionamiento. No podés cobrarme. Y, en todo caso, te doy lo que quiero, pero no te voy a pagar 50 pesos”, le respondo, sin perder la calma.

El “cuidacoches” se pone “heavy”, me intenta explicar que se trata de su trabajo. No me interesa realmente. Me he decidido a no pagarle, y pienso sostener mi decisión.

"Son 50 pesos, maestro"

No lo logro, termino dándole 10 pesos, mientras el muchacho en cuestión murmura algo que no logro desentrañar. Especulo que se trata de un insulto.

Parto amargado hacia mi casa, harto de los “trapitos” extorsivos. Los que pululan por lugares como Arístides Villanueva y La Alameda.

Se trata de tipos peligrosos, que se cobran venganza cuando alguien no quiere hacer el aporte que ellos exigen. Desde la rayadura del auto en cuestión hasta la pinchadura de sus gomas.

No voy a ser injusto: hay “cuidacoches” que hacen su labor con responsabilidad y humildad, sin exigir ningún monto concreto de dinero. Ni siquiera se ofenden cuando uno no les da nada de nada.

Pero están estos otros, los violentos, que se mueven con la impunidad que les regalan los funcionarios mendocinos. Más de una vez me he peleado con ellos bajo la mirada impávida de preventores y policías, que jamás intervienen. ¿Para qué están entonces, para jugar con sus celulares a la vista de todos?

¿Los preventores? Bien, gracias

Pido disculpas por la digresión, pero tenía que decirlo, porque es una situación que se da cada tanto y que parece que jamás se solucionará. No solo me afecta a mí, sino también a muchos otros argentinos. No hay duda de que somos legión.