Elecciones: La cuenta “mágica” que desvela al gobierno - Mendoza Post
Viernes 19 May 2017Viernes 19/05/17 atrás
Director Periodístico

Aún ganando las elecciones, puede perder. Los comicios de octubre, con el paso previo de las primarias de agosto, pueden transformarse en un dolor de cabeza para Cambia Mendoza a pesar de los sondeos favorables, porque para mantener las mayorías con las que cuenta en la Legislatura local, necesita poco menos que arrasar. Ello es porque “defiende” un gran resultado electoral de 2013, cuando la lista encabezada por Julio Cobos, entonces candidato a diputado nacional, llegó casi al 47 % de los votos, con algo más de 20 puntos de ventaja sobre el Frente Para la Victoria. En aquella elección hubo dos sorpresas, la enorme ventaja de la UCR, y la Izquierda, que llegó al 14 % de los sufragios, y con ello consiguió colocar a Nicolás del Caño en el Congreso de la Nación, y legisladores provinciales y concejales. Fue la primera vez desde la democracia recuperada, además, que el Partido Demócrata se quedaba afuera de la Legislatura.

Es como en el circuito profesional de tenis. Hay que “defender” los puntos cuando se gana un Grand Slam. Alfredo Cornejo y sus aliados están obligados a mantener los 20 puntos de ventaja sobre el segundo, y rezar para que a la Izquierda le vaya más o menos bien (o al Frente Renovador), para no perder legisladores en manos del PJ. Para que se entienda: en el sistema proporcional D’Hont el que sale primero tiende a beneficiarse, pero de la performance del tercero depende el reparto de los legisladores entre las restantes minorías.

Para entender esta aritmética política, vamos a hacer el análisis por cada Cámara.

Diputados

En la cámara baja, el oficialismo radical es la primera minoría. Cuentan con 23 diputados propios. Para llegar al quórum y a la mayoría simple necesitan de los aliados Pablo Priore (PRO), Marcos Niven (PD) y Guillermo Pereyra (Frente Renovador), quien oscila entre ir y no ir en Cambia Mendoza. Hoy, los 23 radicales y sus tres aliados son el bloque oficialista, aunque Niven y Pereyra se han dado el gusto -de vez en cuando- de abstenerse o votar en contra alguna ley de Cornejo.

La votación por Valerio, en el Senado.

El problema para la UCR aquí es que de los 24 legisladores que terminan su mandato, ponen en juego 13 bancas. Sus aliados, ninguna. Y luego, el PJ pone en juego 7 (más un disidente), el FIT 1, y el PTS 2.

Los radicales que se van son Néstor Parés, Gabriel Miró, Julia “Mumy” Ortega, Jorge López y Pablo Narváez (todos del Primer Distrito); Jorge Sosa, Liliana Pérez y Gladys Sánchez (Segundo Distrito), Marcelo Osorio, Beatriz Varela, y Omar Soroche (Tercer distrito) y Edgar Rodríguez y Gustavo Villegas, del Cuarto Distrito. Es decir, la UCR arriesga 5 de 8 legisladores que se eligen en el primero, 3 de los 6 que se eligen para el segundo, 3 de los 5 que se eligen en el Tercero, y sólo 2 de los cinco que se eligen en el Cuarto

Parés termina, pero seguro que vuelve.

Dato para la “rosca”: Parés, Miró, Sánchez, Osorio, Varela, Soroche, y Villegas son “de Cornejo”. Es decir, de la “rosca” del gobernador. Son más de la mitad de los que se renuevan. Ortega le responde a Jaliff, Narváez es del clan que perteneció a la “ex cooperativa” que supo “trabajar” con Lobos en Guaymallén, López y Rodríguez son de Ernesto Sanz, Sosa es de Mario Abed y Pérez, de Ricardo Mansur. Si la UCR juega trece bancas, “es de esperar que los 12 intendentes pongan uno cada uno, por lo menos, y el Alfredo ponga el resto” dijo una fuente partidaria. Habrá que ver.

Los planteos más complicados para el oficialismo son ganar “por muerte” en los distritos primero y tercero para mantener los legisladores que arriesga, que son muchos. “No es tan complejo. En 2013 no teníamos Guaymallén y Las Heras, ni Luján en el tercero” confió un intendente. Con el mismo pronóstico, habrá que ver si los radicales pueden mejorar el Cuarto Distrito (sur provincial). “Lo importante es tener por lo menos 20 puntos de ventaja en la general. Está claro que necesitamos llegar a cerca del 50 %” dijo otro de los que sacan cuentas.

Para el PJ (ex Frente Para la Victoria, perdón… Cristina) es más sencillo. Sólo necesitan, desde la oposición y con una situación económica que aprieta, mejorar el escaso 27 % de 2013, cuando perdieron muchos votos en manos de la izquierda. En aquella oportunidad, Del Caño llegaba al Congreso con una consiga simple y contundente: que un diputado gane como un maestro.

Los peronistas que se van de la Cámara Baja son:

Primer Distrito: Sonia Carmona (responde a Carlos Ciurca) y Alberto González (a Rubén Miranda). Del segundo Distrito se van Cristina Pérez (Responde a Jorge Giménez) y Alejandro Viadana (responde a los Bermejo). Por el Tercero, abandonan la casa Leonardo Giacomelli (es de Patricia Fadel) y por el Cuarto, José Muñoz y Silvia Ramos (de Emir Félix) y deja Diputados, además, el peronista Gustavo Majstruk (entró por Juan Carlos De Paolo, hoy tiene un bloque unipersonal).

Noelia Barbeito llegó con el "boom" de la izquierda en 2013 y deja el Senado.

De la Izquierda se van Héctor Fresina (FIT) por el Tercer Distrito y sus socios del Partido Socialista de los Trabajadores (FIT) Lautaro Jiménez (Primer Distrito) y Cecilia Soria, del Segundo Distrito.

El problema de Cornejo es triple: debe ganar por 20 puntos, no confrontar con la izquierda para que le reste votos al PJ, y no puede darles legisladores a sus aliados en el reparto, porque achicaría su “bloque radical”. Además, ni el PD, ni el PRO, ni el FR arriesgan legisladores en esta ocasión.

Senadores

En la Cámara de Senadores, la cuenta es más holgada para el oficialismo. Hoy Cornejo tiene quórum y mayoría propios, y aunque igual arriesga, las chances de perder senadores serían menos que en Diputados.

De los 19 senadores que se ponen en juego, 11 son de la UCR, 7 pertenecen al PJ, y 1 del FIT (Noelia Barbeito).

El primer distrito elige 6 senadores, y la UCR arriesga la mitad: Raúl Ferrer (es de Laura Montero, aunque juega de líbero), Juan Carlos Jaliff (“rosca” propia, y con Cobos y Montero), y Verónica Basabe (clan Narváez, de Guaymallén). Por el Segundo se van 3 de los 5 que se eligen. La vara es alta: María Quiroga (del “Pato” Sergio Pinto, Claudia Salas (de Cornejo) y Walter Soto (territorial del Este). Por el Tercero (se eligen 4) se van Norma Corsino y Jorge Palero (de Cornejo, ambos) y Eduardo Giner, otro “líbero” aunque en el partido se lo anotan a Cornejo. Por el Cuarto (eligen 4) se van Armando Camerucci, otro histórico, que responde a la línea de Enrique Vaquié, y también dejará el senado Silvina Barros, quien reemplazó a Alejandro “Jani” Molero.

Camerucci, otro histórico que termina.

La “carga” electoral del radicalismo es fuerte. En las elecciones de 2013 para la Legislatura provincial, achicó las diferencias con el PJ y luego en 2015 pasó al frente.

El peronismo, al igual que en senadores, arriesga menos. Se van Gustavo Arenas (Responde a Alejandro Abraham), María José Ubaldini (Juega de líbera, pero dicen que se está arrimando a Florencio Randazzo). Del Segundo Distrito se van Olga Bianchinelli (de los Bermejo) y Quito Benegas (de Jorge Giménez). Por el Tercero se va el “primer mártir de La Cámpora” (La segunda es Patricia Fadel) Eduardo Bauzá (enrolado en el ciurquismo), y por el Cuarto se van los dos que responde a los Félix, Samuel Barcudi y Ángel Brancato.

Otra vez, la UCR necesita ganar muy bien en el primero, segundo y tercer distrito para mantener su ventaja, y empatar o ganar o perder apenas por un puñado de votos en el cuarto, para empatar los senadores de ese distrito, donde desde año mandan los Félix, del peronismo.

Qué necesita el oficialismo

Las conclusiones son simples. Cornejo necesitará de los mejores candidatos con los que pueda contar, no puede “prestar” bancas a sus aliados del PD, ni del PRO, sin perder sitios radicales. Deberá jugar algo de renovación para no saturar a los votantes, y encima, hacer una campaña muy activa, que le permita sostener una ventaja de 20 puntos respecto del segundo y estar cercano al 50 %. Parece mucho. Porque aún ganando, podría perder algunas bancas y arriesgar su mayoría conseguida con ayuda en Diputados, y propia en Senadores.

No es un riesgo aceptable para alguien que debe afrontar la segunda parte de su mandato. Más aún, si se consigue antes una reforma constitucional, o por lo menos, discutirla para 2019.