La estafa mendocina menos pensada - Mendoza Post
Viernes 21 Abr 2017Viernes 21/04/17 atrás
Editor General

El fin de semana Aníbal decidió salir con su familia. No tenía rumbo fijo, solo se le ocurrió “yirar” por las calles de Luján junto a su mujer y su hijo. Como pergeñó durante toda la semana, soñando con escapar de la rutina.

Con su noventoso Peugeot 504 gris rumbea por Av. San Martín mientras decide dónde puede comer algo barato y abundante.

“Podría aprovechar y cargar combustible”, le dice a su esposa al tiempo que se dirige a la YPF que queda en la intersección de San Martín y Azcuénaga.

Antes de poder hacerlo, descubre que alguien le hace señas desde otro automóvil. No entiende qué le están diciendo, por lo cual decide bajar la ventanilla.

San Martín y Azcuénaga, donde Aníbal fue timado

“Se te está por salir una rueda”, le dice el conductor del otro vehículo, señalando la parte de abajo de su Peugeot. Desconfía por un momento, pero lo mismo le dicen un par de transeúntes que recalaban por el mismo lugar.

De pronto, todos parecen haber notado que la rueda de su coche está floja, menos él. ¿Cómo pudo no darse cuenta?

Aníbal decide arrimarse al cordón de la vereda. Antes de poder reaccionar, los dos hombres que pasaban por allí “de casualidad” le mueven la rueda, para un lado y para el otro, con gran esfuerzo. “No parece estar floja, pero capaz que me parece a mí”, piensa hacia sus adentros.

“Hola jefe, quédese tranquilo, nosotros le arreglamos el problema en un ratito”, le dice uno de los hombres, con un marcado acento centroamericano.

“Usted quédese dentro del auto, no deje sola a su familia”, le insisten, acaso con preocupación.

La rueda del Peugeot, la excusa para la estafa

Aníbal hace caso. Se mete en su desvencijado Peugeot y se pone a charlar con su mujer e hijo. Planifican qué harán luego de que el vehículo termine de repararse.

Mientras tanto, escucha cómo le arreglan el problema de la rueda. No sabe bien qué están haciendo con su auto, pero escucha el uso de las herramientas, el gato mecánico e incluso los comentarios técnicos que hacen entre los que están haciendo la reparación.

Cada tanto, uno de ellos le habla, le pregunta de qué trabaja, a qué se dedica. Los otros siguen con su tarea.

Luego de media hora, le dan el veredicto: “Ya está, cambiamos algunos repuestos y quedó todo perfecto”, le dicen. Aníbal agradece.

Sin embargo, lo peor aún no ha llegado. “El trabajo más los repuestos son $8.500”, le advierten.

Aníbal no sabe qué decir. Le ofrecen incluso una especie factura, con datos puntuales y hasta un número de teléfono. ¿Cómo desconfiar de tal documento?

Aníbal debió sacar efectivo del Banelco para llegar a juntar los $8.500

Como no cuenta con semejante efectivo, decide cruzar y dirigirse al banco que hay allí. Con su Banelco consigue hacerse del dinero que le falta para llegar a esa cifra.

Abona los $8.500 y los desconocidos se evaporan por completo. Su mujer está enfurecida, le pide que llame al teléfono que aparece en la factura. Aníbal no discute, llama, insiste, pero nadie atiende.

Allí se da cuenta de que le tomaron el pelo, que todo fue un timo. Un novedoso “cuento del tío” a la mendocina.

Al hacer la denuncia sabrá que no fue el único, le pasó al menos a tres personas más. Todos cayeron como chorlitos. Perdieron menos dinero que él, pero perdieron al fin.

Se acabó el sueño sabatino de Aníbal. No habrá almuerzo en familia, ni paseo, ni siquiera carga de combustible en la YPF.

La YPF donde Aníbal tenía decidido cargar combustible

Todo terminará en un ingrato recuerdo, de cuando decidió pasar por el cruce de San Martín y Azcuénaga, de Luján de Cuyo, para pasar un día de descanso junto a su familia.