Las docentes esclavas de la Tupac en Mendoza - Mendoza Post
Viernes 21 Abr 2017 8 días atrás
Director Periodístico

Romina (37) es docente, casada, con hijos. Trabaja en doble turno en una escuela de Colonia Segovia y es maestra desde hace 11 años. Antes, invirtió tiempo y esfuerzo en hacer su carrera docente, para transformarse en educadora. Formadora de los mendocinos del futuro. Pero como los ingresos familiares no alcanzaron para “calificar” a un crédito hipotecario tradicional, se metió a la Tupac Amaru en Lavalle. Lo hizo por recomendación de amigos de amigos. Cuatro años y medio después, era lo más parecido a una esclava de la organización. Debía cumplir con el particular sistema de “méritos” de la dirigente Nelly Rojas y su familia, los integrantes de la organización que están presos por asociación ilícita, fraude, coacción, desvío de fondos, extorsión y usurpación.

El nombre de Romina es ficticio, por supuesto. Pidió protección de su identidad, y a la vez nos solicitó hacer de “puente” para llegar al Ministerio Público Fiscal con su denuncia, porque se siente estafada. No fue lo único. Además, la humillaron.

Romina es una de la decena de docentes y profesoras que ella conoció en la Tupac, la mayoría de Lavalle, pero también de Maipú y del Valle de Uco. “Seguro que hubo muchas más, porque todo el tiempo ingresaba gente nueva a la organización” dice. Invirtió cuatro años en su formación docente en la Ex Facultad de Educación Especial y Elemantal de la Universidad de Cuyo, más la experiencia de los años frente al aula, más posgrados y capacitaciones. En su formación, el “socio” fue el Estado, a través de la universidad pública. Sin embargo, en la “dècada ganada” tuvo que aprender a ser piquetera, a entrar en banda a las oficinas del IPV, a apretar, “de huevo”, a usar la pechera, la gorra y la remera de la Tupac, y a hacer trabajos de vigilancia y de albañilería los fines de semana. Maestra, y piquetera de Nelly y de Milagro Sala. Por suerte, su formación de maestra fue útil para hacer las contraprestaciones sociales a las que estaba obligada, al perincipio. Pero también, su educación le sirvió para aprender los cantitos de la Tupac, que se usaban en las marchas frente a Legislatura, en Buenos Aires, o allí donde les enviara Nelly Rojas. “Si no cantabas, te podías quedar sin la casa...”

Nelly Rojas cumple hoy dos semanas presa.

El testimonio de Romina es parecido a muchos otros. “El primer año y medio di apoyo escolar. Después hice todo tipo de trabajos, como limpiar una fábrica, un aula satélite, cortar montes, albañilería, de todo... lo que a ellos se les ocurriera...” Hay más: “Desde 2016 nos tenían más cortitos porque se estaban levantando las casas, y empezaron a exigirnos más tareas, días y horarios. Tenías que estar a su entera disposición... también cosía, y confeccionaba ropa para la fábrica textil” contó la maestra, una de las docentes esclavas de la Tupac.

La docente, igual a muchas otras de la “orga” de Nelly Rojas, se acercó por interés genuino. “Veía que las casas se hacían y se entregaban... pero había muchas otras cosas que desde afuera, no podíamos ver” dice, y enumera. “Teníamos que participar de manifestaciones, de piquetes, de escraches... por ejemplo, nos obligaban a entrar todos juntos al IPV con las banderas, las pecheras, los gorros... eso era obligatorio... porque si no lo hacías, no te ponían la asistencia...” contó. Le marcaban sus “méritos” en cuadernos que eran minuciosamente revisados.

Romina participó de cortes de calles, marchas a la Casa de Gobierno, a la Legislatura, a la Municipalidad de Lavalle. “Y había que cantar... nos decían 'canten... canten' y nos obligaban a comprar las fotocopias con las letras de las canciones...” dijo la maestra, en una charla angustiosa y triste. Porque al final del camino, le quitaron la casa a su hermana. A ella no, aunque no tiene ninguna constancia de que esa vivienda en la que puso tanto, sea realmente suya. Sólo le dijeron “...esa es tu casa...” y trabajó poniendo ladrillos y machimbre. Pero nunca firmó un papel, aunque hizo los trámites que les pedían.

La fiscal Chaves, a cargo de la investigaciòn.

Romina cumplía muchas horas de trabajo. Y los de albañilería eran particularmente duros. “Te arreaban a levantar techos, pero no te llevaban los materiales... Estaba prohibido llevar herramientas, te obligaban a compartir las que había... Si se te ocurría llevar una mezcladora, era un escándalo” cuenta, recordando los fines de semana de construcción. “Uno tenía que hacer el sacrificio” se excusó después de la charla. De a poco, se fue acostumbrando a estar a entera disposición de Nelly Rojas, su marido, los delegados, y a decirle “compañero” a todo el mundo. “Te acoastumbrás al idioma” dijo, lo mismo que al trato áspero de los dirigentes de la Tupac, hoy presos acusados de estafa y robo, básicamente. Romina estuvo cuatro años en la organización y nunca faltó ni a una marcha, ni a un escrache, ni a ninguna tarea ni actividad. Por temor a operder la vivienda. “Lo que quiero, es que me den mi casa” dijo al final.

Raquel

El caso de Romina se replica casi en un calco en el testimonio de Raquel Anzoaetegui (56), otra docente con muchos años de experiencia -cercana ya a la jubilación- sola y sin hijos, que tampoco pudo acceder a una vivienda. Está claro que una buena cantidad de docentes está oficialmente bajo la línea de pobreza, porque ganan memos que la canasta básica total, de unos 12.000 pesos. Y el de Raquel es uno de esos casos. El relato es calcado: manifestaciones, piquetes. “Había que ir”. El momento de mayor felicidad fue cuando Nelly Rojas los reunió para informarles que debido al “cumplimiento” (viajes, venta de bingos, trabajos varios, marchas, cortes de calle, clases de apoyo, asistencia) iban a recibir su casa. Hasta que una vez faltó, y no tuvo el dinero para enviar a alguien en su lugar, pagando los gastos, a una de las marchas a Buenos Aires. Y le “quitaron” la casa que le habían “asignado”. Fue inútil protestar. “No me quisieron recibir la plata, ni que vaya, ni nada...” contó esta maestra que se jubila este año “si Dios quiere”.

Cristina lo hizo

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ocultó la pobreza, falseó las estadísticas, nunca admitió que había un 30 % de argentinos sumergidos. Siguió andando su senda de populismo, y creó una ficción educativa. Un relato. Otra vez mintió, ocultó estadísticas de rendimiento escolar, dijo que poner malas notas era estigmatizar, se burló de las pruebas PISA, y luego inventó el formato por el cual se daban cientos de millones de pesos para construir viviendas, a militantes de su proyecto, sin capacidad técnica ni económica, ni las cualidades personales como para ello. 

Cristina Fernàndez de Kirchner y Milagro Sala.

Y así, Nelly Rojas, su marido, sus hijos, pasaron a manejar vehículos de alta gama marca Audi, Citröen, Toyota... que de ninguna forma podían comprar con los planes sociales que cobraban. Adquirieron flotas de camiones, o retiros diarios de medio millón de pesos en las módicas sucursales de los bancos Nación y Credicoop en Lavalle, cuando el gobierno estaba por cambiar. Sometieron a la vez a cientos de personas, miles en todo el país, a un régimen de esclavitud del Siglo XXI. Un sistema obtuso, indignante, humillante, siniestro, en el que maestras, docentes capacitadas para formar a otros argentinos, tenían que ponerse el gorro, la pechera, la remera, las banderas, e ir donde fuere a apretar, cortar calles, hacer piquetes, para seguir bancando el proyecto nacional y popular de la compañera Cristina.

Fue así como lograron lo que ni el peor gobierno liberal de la Argentina haya conseguido jamás, el de reducir a servidumbre a los docentes. Qué paradoja: muchos de ellos siguen suscribiendo "el proyecto". Lo vemos a diario en los conflictos docentes que surcaron el país, incluido Mendoza, y que mantuvieron a millones de chicos sin clases hasta hace poco. Se ve que los dirigentes sindicales del kirchnerismo no tuvieron que ir a humillarse con la Tupac y a calzarse el uniforme de piqueteros y acarrear ladrillos, o vigilar los barrios en las noches los fines de semana, ni a poner plata (de su bolsillo) para que los “compañeros” fuesen a llenar la Plaza para “la jefa”, como sí tuvieron que hacerlo cientos de docentes en todo el país. Sólo en el grupo “de Romina”, la maestra cuyo caso contamos, ella misma conoció a diez.

Nadie, jamás, había humillado tanto a un maestro.

El caso, hoy

La fiscal Gabriela Chaves ha seguido adelante con la investigación iniciada hace tiempo atrás -por una denuncia de miembros de la Tupac- luego de la fallida maniobra urdida por el abogado Alfredo Guevera para apartarla del caso. El defensor de Nelly Rojas y su familiares presos había conseguido que el padre de la magistrada, un abogado jubilado de 82 años, fuese codefensor de uno de los hijos de Rojas. Luego se arrepintió, ante la repercusión pública, y de un par de llamadas oportunas. El expediente de la Tupac, sin embargo, no tiene aún juez de Garantías, producto de las recusaciones y las sospechas. Por lo tanto, el expediente anda de un juez de turno a otro.

El abogado Alfredo Guevara, defensor del clan, fue denunciado por amenazas contra la fiscal Gabriela Chaves, a instancias de la Procuración. Lo investigará la fiscal correccional de Capital Liliana Giner. También pidieron al Tribunal de Ética del Colegio de Abogados y Procuradores de Mendoza que investigue si la conducta del abogado es pasible de alguna sanción.

Ayer por la mañana hubo otro allanamiento. Se suponía que cuando ocurrió la filtración de información desde el Sexto Juzgado de Garantías, sacaron documentación de la vivienda de Nelly Rojas para llevarla a la casa de otro miembro de la Tupac. Pero la prueba dio resultado negativo. Sí encontraron un revolver calibre 32. Una herramienta, como todo el mundo sabe, resulta muy útil en la construcción de viviendas sociales.